Todo lo que se va con los libros del Parque Rivadavia

La imagen duele, como cuando la casa que nos cobijó durante años queda desmantelada ante la inminencia de una mudanza y sentimos ganas de, no sé, darle una última caricia a la pared. En la foto, una pequeña topadora arrasa con las pilas de libros –a esta altura, papeles sucios- que se desploman sobre el piso del Parque Rivadavia. Detrás, llegan a verse los puestos, también destruidos. Algunos semi cubiertos por bolsas de nylon oscuras, como esas en las que embolsamos la basura: lo que no sirve, nuestros deshechos.

Cierro los ojos y me transporto en el tiempo: por esos mismos caminos de tierra y baldosas del parque, floreados en la memoria, caminaba de la mano de mi abuelo Mauricio: avanzábamos como viajeros ante un paisaje que nos deslumbraba. Todas esas pilas de libros en los puestos, parecía que los ojos no nos alcanzaban para abarcarlos con la mirada.