Todos somos neoliberales

Mientras seguía el lema “Neoliberalismo Nunca Más” que acompañó tanto a las manifestaciones de Chile como a la derrota del macrismo, se me ocurrió hojear un ejemplar de la revista Revolver que compré en 1995. Allí me encontré con el siguiente párrafo generacional: “los que miramos cómo el marketing se convirtió en la octava maravilla, los que militamos la marihuana sin saber por qué, los que comemos en McDonald’s, los que miramos MTV, los que vivimos la época de oro de nuestra vida de la mano de Menem”, y caí en la cuenta de que, pese a mi marxismo y mi familia obrera del conurbano, yo también fui un muchacho neoliberal. El tema es qué hacer con eso ahora.

Populismo y neoliberalismo son dos términos que parecen competir por explicar casi todo lo que ocurre sobre la faz de la Tierra. Gran parte de esa inflación conceptual se debe al inevitable revoleo de epítetos al que se reduce buena parte de la actual conversación pública de masas. Otro motivo puede ser que realmente ambos conceptos abarquen gran parte de la actividad humana. La conclusión del último Laclau es que, en definitiva, es muy difícil hacer política sin hacer populismo, al menos en los términos en los que él lo entendía. De igual manera, podemos concluir que, luego de 40 años, el neoliberalismo ya no es solo una ideología ni una política económica sino un estilo de vida que nos atraviesa a todos.