domingo 27 de mayo

Tom Wolfe, un monstruo de la literatura que cambió el modo de contar la realidad

Cuestionado por la derecha y por la izquierda, autodeclarado “pensador independiente”, dueño de una prosa impecable y la mirada más quirúrgica que pueda tenerse de la sociedad norteamericana, Tom Wolfe -quien murió en Nueva York, a los 87 años-ha sido un fiel representante de la tradición literaria de la segunda parte del siglo XX.

Sus temas siempre fueron las diferencias de clases, la pacatería, la exposición de la vida pública y sus consecuencias en los individuos, el consumo masivo y el egocentrismo de la generación del baby boom. Su carrera como escritor de ficción tomó un vuelo inesperado en 1987 cuando publicó La hoguera de las vanidades, novela que, inspirada en un acontecimiento histórico en la Italia del siglo XV, describe con sarcasmo y acidez implacable cómo la alta sociedad neoyorquina arde en sus propias miserias. La novela llegó al cine y terminó de convertir a Wolfe en una figura internacional.


Al año siguiente escribe Todo un hombre y traslada las mismas inquietudes a Atlanta; racismo, ascenso social a cualquier costo, las diferencias culturales y cómo la sociedad intenta saldar esas diferencias en una apariencia maquillada de multiculturalidad. Cuando publicó La hoguera de las vanidades fue recibida con ovación a la vez que con cierto recelo ya que, según el propio autor, la novela tal como se escribía en esa época había muerto. Según su opinión, la novela debía tener un basamento netamente realista y dar cuenta del tiempo en el que había sido escrita. Y claramente lo logró con sus dos primeras novelas y con las que le siguieron. Soy Charlotte Simmons de 2004 y la tardía Bloody Miami -publicada en 2012- también se apegan al género de la novela realista: son pinturas ácidas de las décadas en las que fueron escritas y constituyen hoy especies de frisos para comprender a la sociedad que supo exhibir de manera descarnada.

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