miércoles 25 de mayo de 2022
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Traductores en la era «streaming», precarios al servicio de un negocio multimillonario

Don’t Look Up acumuló 152,29 millones de horas vistas en todo el mundo durante su primera semana. La película no solo superó todos los récords de Netflix, también demuestra el buen estado de salud de las plataformas de streaming. Nunca antes habían existido tantas. Tampoco hay precedentes de tener al alcance del mando tal inmensidad de catálogo, ya sea una serie surcoreana, la filmografía de un director clásico o el último maratón de superhéroes. El crecimiento del sector no beneficia a todos sus trabajadores por igual. Es el mejor de los tiempos para el audiovisual y el peor para el traductor.

«El 95% de los subtituladores trabajamos muchas horas, con muy poca seguridad y unas tarifas que apenas han subido en los 18 años que llevo dedicándome a esto», indica a elDiario.es la traductora audiovisual Paula Mariani, profesional con casi 20 años de experiencia. Empezó cuando existían unas cinco cadenas de televisión españolas y continúa dos décadas después, con un panorama totalmente diferente marcado por la eclosión de las plataformas de streaming. «El trabajo se ha vuelto más complicado. Cada vez dominamos más herramientas, como traducir metadatos o listas de palabras clave, y no hay una retribución que vaya pareja», añade. Su horario varía en función del material disponible, pero sostiene que una jornada corta es de «7 u 8 horas». Una larga, asegura, «puede llegar a las 14».

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