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miércoles 28 de octubre de 2020
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Trama íntima de la marcha atrás del Gobierno para evitar otro 2008

A pocas horas de que Alberto Fernández anunciara que había decidido intervenir la empresa Vicentin y enviar al Congreso un proyecto de expropiación, los dirigentes oficialistas involucrados en la discusión recibieron un pedido del Poder Ejecutivo: «Hay que desideologizar el debate». La mecha estaba prendida. Para entonces, la oposición ya había convocado a su ejército de caceroleros, que, con el correr de los días, amenazó con convertir las protestas en una 125 modelo 2020 para un Gobieno recién asumido, que lidia con una pandemia. Con su nuevo ADN albertista, la Casa Rosada recalculó.

El Presidente fue ajustando el discurso. La «expropiación» tan resistida quedó desplazada por otro objetivo superior, el «rescate». Fernández activó otras señales. Mandó a sus funcionarios a eliminar el «fantasma de Venezuela» del imaginario del sector industrial y agrario, habló con el CEO de la empresa, Sergio Nardelli, y lo recibió en Olivos, y le pidió al gobernador Omar Perotti que buscara «una propuesta superadora». El santafesino, peronista moderado ligado al campo, no había participado del anuncio inicial. Tampoco el ministro de Agricultura, Luis Basterra. Un sector del albertismo ni siquiera aprobaba la iniciativa, por ideología o por oportunidad. En la Casa Rosada, un asesor lamentaba que la atención mediática estuviera concentrada en Vicentin mientras el escándalo del espionaje macrista pasaba a un segundo plano.

letrap.com.ar  (www.letrap.com.ar)