Treinta años de genética para restituir identidades robadas

«Esto es mucho más que un laboratorio. El Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) es una institución política, tiene inserción histórica, es parte de la construcción de Memoria en la Argentina, y de la reconstrucción de la identidad de todos, no solamente de los nietos recuperados».

En el discurso de Mariana Herrera se entrecruzan la complejidad técnica y la emoción militante de una mujer de ciencia abocada a una pesquisa que, sabe, trasciende lo estrictamente genético, su campo de estudio. En 2014, un año antes del traslado del BNDG desde el Hospital Durand a la sede histórica del Ministerio de Ciencia y Tecnología, en el séptimo piso de Córdoba 831, Herrera, doctora en Ciencias Biológicas por la UBA y especialista en genética forense y molecular, concursó por el cargo de directora y lo obtuvo. Hoy se apresta a celebrar los 30 años de este organismo autónomo y autárquico, convertido en referente mundial en la reparación de crímenes de lesa humanidad, creado por la Ley 23.511, sancionada el 13 de mayo de 1987 y promulgada pocos días después, el 1 de junio, como resultado de la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, las primeras en comprender la necesidad de preservar las muestras genéticas de los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado como herramienta para encontrar a sus nietos.