jueves 26 de mayo de 2022
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Tres episodios que desnudan la velocidad de la crisis

El Poder Ejecutivo está bloqueado por el conflicto entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner y, con independencia de ese factor, por el singular estilo del Presidente para conducir la administración. Es un modus operandi “endiablado”, por utilizar un adjetivo de su teología. Esa parálisis es la que más llama la atención. Pero no es la única. El Congreso también está paralizado. Desde que se produjo el recambio legislativo del 10 de diciembre, el oficialismo y la oposición de Juntos por el Cambio no se han podido poner de acuerdo en la composición de las comisiones de trabajo de la Cámara de Diputados. Solo se constituyeron la de Presupuesto y Hacienda y la de Finanzas, para poder tramitar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Recién ayer se avanzó con la de Asuntos Constitucionales. La obstrucción de la Cámara Baja podría proyectarse sobre el Consejo de la Magistratura. La Corte declaró la inconstitucionalidad de la ley 26.080, que rige su composición actual, y ordenó que antes del próximo 14 de abril esa institución adopte otra conducción de acuerdo con la ley 24.937. ¿Los representantes del Congreso estarán designados para esa fecha? Si no fuera así, el Consejo quedaría acéfalo, porque los jueces previeron que todos los consejeros asuman a la vez. Por lo tanto, no se podrán disponer sanciones, ni aprobar designaciones de jueces. ¿Se podrán pagar los sueldos de los magistrados? Durante el tiempo que demande destrabar esta situación, el Poder Judicial seguirá empantanado debido a que muchísimos tribunales están vacantes. Síntesis: los tres poderes del Estado están empantanados.

Esta inmovilidad se vuelve inquietante cuando se observa el contexto en el que se inscribe. Porque este aparato administrativo colapsado es el instrumental con el que la sociedad argentina está ingresando en el ojo de un huracán económico. La inflación de marzo será, según calcula la mayoría de los economistas, bastante superior a 5%. Quiere decir que, si se proyecta para todo el año el promedio del primer trimestre, el índice de 2022 sería de 78%. Para ponderar la magnitud del descalabro: Martín Guzmán pactó con el Fondo una inflación que no debe superar el 48%. Ese número rige las demás coordenadas del programa, es decir, la pauta de devaluación, el aumento de tarifas, la tasa de interés. Una consideración importantísima: la contabilidad asumida por Guzmán se ha desarticulado antes de recibir el impacto del aumento de los precios de muchos insumos estratégicos, entre los cuales los más importantes son los hidrocarburos.

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