«Triunfó» Corea del Centro

Puede ser un error de varios analistas interpretar la elección de Pichetto como candidato a vicepresidente de la fórmula de Cambiemos como una derrota de Marcos Peña y Jaime Duran Barba. Como resulta prematuro considerar que fue un acierto la decisión de Cristina Kirchner de colocarse ella misma como candidata a vicepresidenta. Pero ambas decisiones comparten un elemento en común: ambos extremos de la grieta tuvieron que reconocer que había una demanda (como la llamaba Lavagna en el espacio que él mismo no pudo terminar de maximizar) de centro en la sociedad. Con Pichetto por un lado y Alberto Fernández por el otro, no solo la tercera vía se hizo más angosta, también la grieta se hizo más angosta. Como titula esta columna con cierta ironía: “triunfó” Corea del Centro.

Alfonsín solía decir que algunas derrotas tienen grandezas de las que muchos triunfos carecen y –por defección– la precipitada derrota electoral de Alternativa Federal fue una transfusión de moderación a los extremos. Su inanición nutrió a Cambiemos y al kirchnerismo.


Tanto en la elección de Alberto Fernández como en la de Pichetto hay una explícita autocrítica. No es que Cristina Kirchner, segura de su triunfo, colocó a Alberto Fernández para ahorrarse tareas en las que ella podía ser reemplazada o que esa fuera la única manera de cooptar a Massa y varios gobernadores vaciando al peronismo no K. Como tampoco es que, seguros de su derrota, hubo en Cambiemos un “golpe de Estado” del ala política por el cual Monzó, Frigerio, Caputo (Nicky) y los radicales les torcieron el brazo a Peña y a Duran Barba. Tanto Cristina Kirchner como el tándem Peña-Duran Barba están tratando de satisfacer la demanda de la sociedad y no resolviendo una interna que siempre tuvieron ganada.