domingo 23 de septiembre

Tumbas sin nombre para los dictadores argentinos

El viernes 17 de mayo de 2013, un carcelero encontró a Jorge Rafael Videla sentado en el inodoro de la celda que ocupaba en Marcos Paz, un penal para presos comunes, con signos de “rigidez ocular” y sin pulso. El dictador había muerto horas antes, en la soledad de una madrugada entre rejas, tras una caída que a sus 87 años fue letal. Videla estuvo una semana en una nevera de la morgue judicial, a la espera de la autopsia. Cuando la justicia finalmente entregó el cuerpo, la familia no supo qué hacer con él. No encontró sitio en el panteón militar en Chacarita, el cementerio más grande de la ciudad de Buenos Aires, por temor a manifestaciones de repudio. Tampoco fue bienvenido en Mercedes, su ciudad natal. Videla terminó enterrado en un cementerio privado en las afueras de Buenos Aires, bajo un mármol con la inscripción “Familia Olmos”, anónimo a la mirada de los curiosos.


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