martes 24 de mayo de 2022
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Turquía, entre el aislamiento y las bombas

Precisamente cuando el Gobierno turco empezaba a dar pasos hacia la reconciliación con Israel y Rusia para salir de su aislamiento, el atentado contra el aeropuerto de Atatürk, el séptimo ataque terrorista registrado en menos de un año en Turquía, recuerda que al otro lado de su frontera suroriental —en Irak y, sobre todo, en Siria— dos guerras siguen abiertas con toda su crudeza.

Como en los anteriores atentados, el actual primer ministro turco, Binali Yildirim, se ha apresurado a señalar al Estado Islámico como responsable de la matanza en la principal terminal área de país —y la tercera más transitada de Europa—, aunque el ISIS no se han atribuido hasta ahora ninguno de los ataques. Desde que se sumó el pasado verano a la coalición internacional encabezada por Estados Unidos que bombardea desde el aire las bases del califato, Turquía se ha convertido en objetivo claro del terror yihadista.

El Ejército y las fuerzas de seguridad turcas están librando además una sangrienta batalla contra la guerrilla separatista kurda del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que se alzó en armas contra el poder central de Ankara hace más de tres décadas, aunque hasta julio de 2015 había mantenido una tregua durante dos años. Los objetivos de los ataques de la guerrilla del PKK, sin embargo, han sido sobre todos los cuarteles y las comisarías del sureste de Anatolia, donde se concentra la mayoría de la población kurda en Turquía. Mientras, en el lado sirio de la frontera, los combatientes kurdos de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), aliados del PKK, han desafiado a fuerzas rebeldes apoyadas por Ankara, de un lado, y las del ISIS, del otro, con la bendición tanto de Moscú como de Washington, según los casos.

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