Turquía, la prisión más grande del mundo para los periodistas tras el golpe de estado

Una delegación del Consejo para las Relaciones Económicas de Turquía en el Exterior (DEIK por sus siglas en turco) visitó Bruselas el pasado martes con la misión, según sus integrantes, de difundir el compromiso del empresariado por mantener la economía de su país a flote tras el fallido golpe de estado del 15 de julio y de poner coto a las informaciones imprecisas que, decían, se difundían en relación a la situación actual.

«Business as usual», repetían en mantra el presidente del consejo Ömer Cihad y sus acompañantes entre el escepticismo de su audiencia.


De acuerdo con los portavoces del DEIK, «Turquía es un país rico en recursos humanos y jóvenes instruidos»: la purga en ciertos ámbitos empresariales y en varios niveles de la administración, policía y ejército incluídos, no está siendo un problema. Sus efectivos son reemplazables, subyacía en su exposición.