¿Twitter acrecienta la polarización política?

En una cultura comunicacional crecientemente interactiva, la capacidad de producir y circular mensajes casi en tiempo real no significa necesariamente que los internautas participen de un flujo democrático de información ni tampoco que sus ideas logren moldear una agenda pública alternativa. El sueño de la democracia directa prometida por las redes sociales virtuales murió en el momento mismo en el que decidimos citar a los viejos actores en lugar de seguirnos los unos a los otros.

En Twitter, en particular, el intercambio de información acrecienta la polarización política existente en el mundo no virtual, consolida las jerarquías mediáticas al fomentar la concentración de contenidos generados por usuarios de alto rango y, como consecuencia, estructura un diálogo singular entre las agendas política, mediática y pública.


Los individuos tienden a unirse a comunidades con las que comparten valores y a afiliarse a grupos sociales y colectivos para evitar el dilema de vivir en el aislamiento intelectual. Estos patrones de segregación homofílica se ponen de manifiesto en las redes sociales, donde los moradores virtuales optan por seguir a usuarios cuya ubicación en el espectro ideológico se asemeja a la propia. En efecto, integramos redes homogéneas dentro de las cuales reforzamos y cristalizamos nuestro “mundo de la vida”, tal como lo denominaba Habermas. La cristalización y el refuerzo se confirman mutuamente. Cristalizar es dar forma a una vaga preferencia previa, reforzar es consolidar actitudes y opiniones existentes. De allí que la búsqueda, la aceptación y la difusión de ciertas narrativas facilite el apoyo social para respaldar una postura ya asumida.