Un año sin Sábat: la partida del Maestro que dejó una oficina huérfana en Clarín y empobreció la política

Hay una oficina huérfana y apagada hace un año al fondo del largo callejón que es la redacción de Clarín. Apenas se filtran allí pálidos rayos de luz por las ventanas viejas que dan a la calle Piedras. La ocupó por casi cinco décadas Menchi Sábat. Hermenegildo, según su identidad legal. El Maestro, para todos.

Esa oficina está al lado de otra también inanimada. Trabajó hasta hace poquito más de un año –apenas 25 días—mi querido amigo Julio Blanck. La vida corta lo arrebató. La última oficina en esa misma línea es la mía. Hace doce meses que convivo con esa dolorosa soledad. No podría quejarme porque hay desiertos peores.


Ese dolor, para no pecar de egoísta, no me pertenece. Lo comparto con todos los periodistas del diario. Con la encantadora familia de Menchi. Con la cantidad de amigos y conocidos que supimos compartir. Lo mitigamos, tal vez, cada vez que pispeamos a través del vidrio de aquel cuarto penumbrosos y divisamos algo de su colección de fotografías, un par de pinceles que yacen sobre su mesa de trabajo, las acuarelas abiertas y ahora resecas, una parva de dibujos de su obra inagotable. Mitigamos el dolor porque la imaginación nos devuelve en un sueño una figura que no está.