Un fondo “héroe” del 11-S es ahora buitre de 3ª generación

Nacieron los fondos buitre de «tercera generación». Después de la demanda original de Paul Singer, Aurelius, Olifant, y compañía, y de los «mee too», incorporados por Thomas Griesa al juicio para el fallo final, apareció ahora una nueva tanda de demandantes con bonos que no ingresaron a los canjes de deuda de 2005 y 2010; y tampoco aceptaron la propuesta que llevó el Gobierno de Mauricio Macri ante el juez de Nueva York. En la lista están muchos argentinos, en especial los integrantes del Grupo Varela; pero fundamentalmente dos fondos de inversión con cierto prestigio en Wall Street: Cantor Fitzgerald LP y Greylock. Se sabía que este último ya estaba reclamándole a Griesa por tenencias de bonos entrados en default en 2001. Sorprendió, sin embargo, la llegada del primero, sin historia ni presencia entre los demandantes de la Argentina; y sin ningún tipo de opinión durante lo más candente del «juicio del siglo». En ambos casos se trata relativamente de poco dinero (todas las causas no llegan a los u$s 500 millones), e incluso desde el Ministerio de Hacienda aseguran que serán causas que rápidamente Griesa desmantelará. El caso más reciente es el de Cantor Fitzgerald LP, que presentó un extenso escrito de más de 133 páginas donde reclama prácticamente lo mismo que Paul Singer y Elliott al comienzo del juicio original: que se le exija a la Argentina pagar el total de la deuda y que si no lo hace, se le aplique la cláusula «pari passu» y embargos a pagos y cuentas del país en Wall Street. La curiosidad de la demanda de Cantor Fitzgerald es que no sólo reclama por deudas en dólares, sino que le pide a Griesa que tome en cuenta tenencias de bonos impagos por el país en euros, liras y marcos alemanes. Se sospecha en el mercado que se trata de papeles comprados en los últimos tiempos a viejos tenedores de deuda, jubilados o rezagos en poder de bancos, adquiridos con una quita de más del 70% y pasados a pérdida por la mayoría de los inversores y entidades financieras. Para la Argentina, se trata de bonos que no fueron reclamados ni en el vencimiento de los papeles ni en los llamados para canjear deudas, con lo cual quedaron prescriptos. Lo que reclama Cantor es que Griesa reconozca la deuda como impaga, y le aplique el mismo criterio que el fallo a favor de Singer y los «me too»: 100% más un 3% anual de intereses. La estrategia encuadra perfectamente a la de los fondos buitre clásico. Sin embargo, la casa Cantor Fitzgerald mantiene una estima especialmente positiva en Wall Street. Fundada en 1045, logró ser entre los 80 y los 90 uno de los cinco mayores y más prestigiosos operadores de Nueva York. Sin embargo, su reconocimiento neoyorquino y mundial vino por una tragedia. Cantor Fitzgerald tenía su sede central en los pisos del 101 al 105 en el One World Trade Center in Lower Manhattan; precisamente donde se produjeron los atentados terroristas del 11 de septiembre. La firma perdió 658 empleados (dos tercios de su fuerza laboral), incluyendo sus principales ejecutivos y «traders», los que en el momento del impacto estaban en plena actividad.