Un Leviatán con los pies de cemento ajado

Con la democracia la empresa se hizo carne. O al revés. La era Magnetto completa la historia de Clarín comenzada por Martín Sivak en El gran diario argentino, con un cambio fundamental: allí donde la primera parte se presentaba con el logo y el lema clásicos del diario, ahora es el CEO el que ocupa la escena, con un perfil imperial en la portada, bastante parecido a una foto del Perón tardío que circuló en los setentas, que deja ver las arrugas, la mirada acuosa y el apósito cubierto con piel en la garganta. La primera parte de la historia giraba en torno a nombres propios como Noble o Frigerio pero ahora la empresa se funde con el hombre, y el resultado final describe mejor a la primera que al segundo.

El libro de Sivak relata de forma ordenada y muy documentada la historia de Clarín a partir del año 1982, luego de la puesta en marcha de Papel Prensa y de la gran purga de frigeristas. El diario quedó bajo el doble comando de Magnetto y de Marcos Cytrynblum, gestor de las reformas que le permitieron masificarse en los años setenta.


La transición a la democracia fue dura. Hacia adentro, el diario enfrentó un conflicto sindical que terminó con despidos masivos; hacia afuera, la necesidad de recoger temas hasta entonces exóticos a sus intereses desarrollistas, como la democracia y los derechos humanos, que lograron incorporar con el lubricante del discurso humanista de la Iglesia Católica. También fue tortuosa la relación con Alfonsín, a quien no pudieron arrancarle la derogación del artículo 45 de la Ley de Radiodifusión, que le impedía al grupo adquirir radios y canales de televisión, algo que Magnetto consideraba vital para la supervivencia de Clarín. Pronto el CEO pasó a la acción directa: ocupó ilegalmente Radio Mitre, mantuvo turbios intercambios con los carapintadas y almorzó con Menem en La Rioja el mismo día que este aceptó asumir la presidencia anticipadamente.