martes 18 de diciembre

Un “Mapa de transparencia” en cada noticia: la propuesta del diario Público para combatir la desinformación

Si hay una derivada palpable de la revolución digital, posiblemente sea el acceso casi ilimitado a la información que ha propiciado. Esto ha otorgado al periodismo un papel central y lo ha convertido en protagonista de muchos debates, aunque no precisamente en un sentido positivo. Porque esa avalancha informativa no siempre llega acompañada del rigor, la independencia y la honestidad esperables por cualquier lector formado y con criterio.

Los medios tal y como los conocíamos hace quince años han dejado de existir, al igual que nuestra manera de comunicarnos casi en cualquier plano es radicalmente distinta ahora que entonces. En la era de las redes sociales, la información fluye a velocidad de vértigo. Por un lado, esto ha favorecido la movilización de colectivos sociales y la visibilización de una disidencia activa, además de consolidar una conciencia y actitud críticas en parte de la ciudadanía. Por otro, los medios -inmersos en una enorme crisis económica y de credibilidad-, han perdido mucha de su capacidad de intermediación en favor de las redes sociales: es el/la ciudadano/a quien recibe cantidades ingentes de información ‘en bruto’ y él/ella es su propio filtro, otorgando un valor cada vez menos relevante a esa función catalizadora de los medios de comunicación.


Este cambio de paradigma desencadena numerosas consecuencias, pero hay una de especial relevancia para cualquier sociedad democrática: la proliferación cada vez mayor de historias erróneas o directamente falsas, presentadas a ciudadanos con un lenguaje, diseño y narrativas similares al periodismo profesional -incluso a veces procedentes de los propios medios de comunicación-, lo que daña la capacidad de los ciudadanos de averiguar si las noticias que reciben son confiables -trabajadas con los parámetros de un periodismo ético y basado en el rigor-, o si son meras mentiras o propaganda. Esto merma aún más la credibilidad de los medios, pero sobre todo dificulta la construcción de una opinión pública basada en la evidencia y el pensamiento crítico, un pilar esencial para cualquier democracia.

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