lunes 28 de noviembre de 2022
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Un referí bombero para una puja distributiva en llamas

La admisión de Gabriel Rubinstein no pudo haber sido más certera. Marginado del círculo inmediato en el que se apoyó Sergio Massa para sus primeras decisiones y refugiado hasta ahora en el silencio público al que lo forzó su propia verborragia previa, el único macroeconomista del Palacio de Hacienda desplegó en menos de un minuto un diagnóstico preciso del problema que sintetiza todos los conflictos de esta semana: la pulverización de los ingresos de los ocupados, asalariados o no. Lo hizo en el Congreso, al defender el proyecto de Presupuesto 2023, cuando advirtió que “los márgenes brutos empresarios están adelantados a nivel macro”, algo que vienen gritando los balances públicos de las empresas que cotizan en bolsa sin que nadie en el Gobierno les preste demasiada atención.

La lectura superficial de los portales y canales de noticias apenas atinó a contrastar sus palabras con la primera amonestación pública de Cristina Kirchner a Massa, que en rigor se produjo un par de horas después. Pero en su jerga técnica, como hasta ahora no lo había hecho ningún kirchnerista, el exconsultor enhebró los porqués de la escalada del conflicto en las fábricas de neumáticos, el repunte de la pobreza en el segundo trimestre, el nuevo acampe piquetero sobre la 9 de Julio y las tomas de escuelas contra el ajuste presupuestario. Todas situaciones que prometen repetirse y agravarse en los próximos meses, de la mano del ajuste comprometido ante el Fondo Monetario y plasmado en el proyecto de Presupuesto que ahora defenderán -aun a desgano- los diputados y senadores oficialistas.

Lo curioso fue que la teoría del viceministro chocase tan de frente con la práctica de su jefe, quien pocas horas antes había amenazado con abrir las importaciones de neumáticos en caso de el sindicato no aceptara la recomposición salarial que consideró insuficiente en 35 audiencias de conciliación desde que la paritaria se abrió cinco meses atrás. Para Rubinstein, “hay que buscar la manera de ser eficientes y que esos márgenes empresariales vuelvan a lo que eran un par de años atrás, o 4 o 5, porque se han desfasado”. Eso solo puede lograrse si los sueldos recuperan algo de lo perdido en esos años frente a la inflación, precisamente lo que reclama el SUTNA. Doblegar ese reclamo puede servirles políticamente a la CGT, a Massa o incluso a Cristina, pero es lo contrario a lo que hace falta para alcanzar el objetivo que planteó Rubinstein.

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