Un siglo de marxismo-leninismo en EE.UU.

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Entre los días 21 y 23 de junio se celebró en Chicago, Illinois, la trigésimo primera convención del Partido Comunista de EE.UU. (CPUSA por sus siglas en inglés). Una convención más o menos de un partido aparentemente marginal en el panorama político norteamericano sería despreciable si no fuera porque da comienzo a la celebración de sus cien años de existencia. Una china en el zapato de uno de los países más anticomunistas del mundo, o, lo que es lo mismo, de uno de los países más fervorosamente capitalistas de la Tierra. Cumplir un siglo de edad, como lo hace el CPUSA estos días, expresa perfectamente la fuerza de una organización que, más allá de su tamaño real, unos 5.000 miembros en la actualidad, ha sido y es columna vertebral de las luchas obreras y sindicales, de la reivindicación y defensa de los derechos civiles, y de los movimientos contra la guerra en EE.UU.


“Nos reunimos en un momento crucial. La misma existencia de nuestra gente y nuestro planeta está en peligro”, afirmaba John Bachtell, presidente saliente, en la apertura de la convención, “somos nosotros los que lideraremos la lucha para extender los derechos democráticos y salvar el planeta (…), los que vamos a crear un tipo de sociedad radicalmente nueva, libre de explotación, odio y desigualdad”. El idealismo del presidente, presumiblemente también el de los 300 delegados, delegadas y representantes de distintos partidos del trabajo de todo el mundo que lo acompañaban, está fuera de toda cuestión. Pero, en todo caso, si algo hay que reconocer del CPUSA es su capacidad de iniciativa, es decir, su verdadera vocación de vanguardia de las luchas obreras y ciudadanas.