sábado 4 de diciembre de 2021
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Un tal Lucas

Al pibe de 17 años no lo alcanzó una bala: lo mató la Policía. “El gatillo fácil no cayó del cielo”, escribe Esteban Rodríguez Alzueta, recorre su trágica historia y propone leerlo junto a la “habitual pirotecnia verbal que funcionarios y dirigentes destilan para hacer frente a la inseguridad y congraciarse con los sectores de la sociedad que reclaman mano dura”.

La muerte de Lucas González en manos de policías de la Ciudad de Buenos Aires pone de relieve la actualidad que sigue teniendo el gatillo fácil, es decir, las ejecuciones o fusilamientos extrajudiciales. Los policías estaban vestidos de civil y Lucas con ropa deportiva. Vivía en Florencio Varela y jugaba en las inferiores del Club Barracas Central.
El gatillo fácil es una práctica con historia en Argentina que nos devuelve a la última dictadura, pero más atrás también. La denominación remite a una frase acuñada por Rodolfo Walsh, “la secta del gatillo alegre”, para nombrar el poder de fuego que utilizaban las brigadas de la Policía de Buenos Aires en la década del 60 para sacarse de encima a la gente que no arreglaba con ellos. Una frase que fue popularizada a fines de los 80 por el Toto Zimerman, tras la Masacre de Budge donde tres jóvenes fueron ejecutados por efectivos de la Policía Bonaerense en el partido de Lomas de Zamora.

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