jueves 19 de julio

Un viral me costó el trabajo: el precio del repudio masivo a la conducta privada

Justine Sacco tenía 30 años, un puesto en el área de relaciones públicas de una compañía y 170 seguidores en Twitter. Viajaba de Nueva York a Sudáfrica. Debía hacer una escala en Londres. Subió a un avión en Heathrow (el aeropuerto inglés), pero antes decidió, presa del aburrimiento y siguiendo la línea de otros tuits anteriores, hacer una alusión -racista, ignorante y, solo a su entender, humorística- sobre su próximo destino: “Estoy yendo a África. Espero no contagiarme SIDA. ¡Es un chiste! ¡Soy blanca!”.

Publicó el tuit, abordó su avión y en las 11 horas de vuelo que siguieron, aprovechó para dormir y relajarse. Cuando despertó, recibió el llamado de una amiga que le comunicaba que era trending topic mundial, bajo el hashtag #HasJustineLandedYet (#¿YaAterrizóJustine?). Su teléfono estaba colapsado por una enorme cantidad de mensajes de repudio y la virulenta bronca que llegaban de todas partes del mundo. Como era de esperar, la propia empresa en la que trabajaba (IAC, el consorcio dueño de Vimeo, Tinder y OkCupid, entre otras), informaba desde su cuenta de Twitter que la conducta de Justine era inaceptable y que esperaban que aterrizara para comunicarle su desvinculación.


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