martes 11 de diciembre

Una bomba atómica estalla en el sistema político brasileño

Brasil entrará desde hoy en terreno desconocido, cuando se cumpla, si nadie saca antes de la galera un nuevo conejo legal, la orden de prisión contra Luiz Inácio Lula da Silva librada ayer por el juez federal Sérgio Moro. La izquierda perderá a su candidato; el sistema político, su mayor punto de referencia de los últimos quince años; y la elección presidencial de octubre, la única postulación que no presentaba dudas sobre su viabilidad. Y, encima, una grieta que partirá cada vez con más furia a la sociedad brasileña.

Las clases medias urbanas que odian visceralmente a todo lo que huela al Partido de los Trabajadores tienen desde ahora un nuevo motivo para idolatrar al juez que es emblema de la operación “Lava Jato”. Sin embargo, el equipo jurídico del exmandatario ya se prepara para que el cautiverio tenga una duración mucho menor que los 12 años y un mes decididos por una corte de apelaciones de Porto Alegre.


La jueza del Supremo Tribunal Federal (STF) que emitió el voto decisivo en la noche del miércoles, Rosa Weber, aclaró que rechazó el hábeas corpus a favor de Lula para dar “seguridad jurídica” al país, algo que logró, dijo, respaldando la posición mayoritaria del cuerpo expresada en octubre de 2016, cuando entró en vigor la jurisprudencia que avala el cumplimiento anticipado de condenas. Sin embargo, sugirió que se si en el futuro trata la cuestión de fondo, esto es si la prisión antes de que exista sentencia firme es constitucional o no, puede cambiar su postura.

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