Una campaña en la que todos lloran: ¿estrategia electoral o emoción real?

Hubo un tiempo, no hace mucho, en el que los candidatos presidenciales se empeñaban en mostrar fortaleza, carácter y determinación para enfrentar los problemas de la Argentina. Como si se tratara de un reproche, le hablaban a la militancia con estridencia y los dedos índice en alto para detentar autoridad detrás de un atril. Por momentos, exhibían la misma sensibilidad que una piedra.

Esos tiempos quedaron atrás y, en vez de rasgarse la garganta desde un púlpito, en los últimos años los dirigentes pasaron a hablar en tono coloquial y en primera persona del plural, a rodearse de simpatizantes durante los discursos y a relajar la vestimenta. Son señales que evidencian la evolución permanente de las estrategias de imagen de los políticos. Pero este año esa metamorfosis expuso un fenómeno particular: el llanto.