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miércoles 28 de octubre de 2020
Periodismo . com

Una hipoacúsica rodeada de tapabocas: «El mundo dejó de comunicarse conmigo»

Tengo un solo truco para estar comunicada con el mundo: necesito ver a quien me habla. No tiene que ser necesariamente de frente, solo preciso asomarme a lo que dicen los labios, la posición de la lengua al pronunciar cada palabra. Y con eso me alcanza. Yo hago todo el esfuerzo, no pido nada, excepto la boca.

Soy hipoacúsica y, si bien con un audífono en mi único oído más o menos viable escucho las voces, para comprender lo que estas dicen tengo que apoyarme en la lectura labial. Oír y captar sentido no es lo mismo, por eso este ejercicio diario de mirar al otro a la cara, de captar sus gestos, su lenguaje corporal. Pero sobre todo la boca, aunque no esté mirando a la boca directamente.

Con ese detalle venía viviendo bastante bien. Me dedico al periodismo y la literatura, pura palabra y puro escuchar al otro. A menos que llegue a perder la audición que me resta y a la que me aferro como un náufrago al salvavidas desinflado, nada tenía por qué cambiar. A excepción de que se desatara una pandemia mundial de coronavirus, claro, acompañada de una cuarentena que ya no tiene nombre por la cantidad de días que lleva, y a excepción de que nos obligaran a usar un bendito barbijo para salvarnos del horror del virus, la enfermedad y la muerte.

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