lunes 17 de diciembre

Una oportunidad postergada para el aborto legal

“Senador, ¿usted cree en Dios?”. Así interrogó un periodista de televisión a Fernando Henrique Cardoso en 1985, cuando el sociólogo encabezaba las encuestas para intendente de San Pablo. El interpelado olió la emboscada y la denunció: “Mi convicción personal no está en juego; nuestro pueblo es religioso y yo respeto sus creencias”. Las evasivas fueron insuficientes. El candidato opositor, el expresidente Jânio Quadros, cerró su intervención con un pedido al electorado: “No voten a un ateo”. Quadros ganó el debate y la elección. Desde entonces, anticiparon los analistas, ningún candidato podría ser ateo en Brasil.

La sociedad argentina es más secularizada que la brasileña, pero la influencia de la religión fue sobresaliente en el debate sobre el aborto. Por la legalización militaron organizaciones variopintas de la sociedad civil; por el statu quo, las iglesias.


Grandes cruces desfilaron junto a enormes fetos en las manifestaciones del grupo celeste. Los verdes combatieron idolatría con iconoclasia, pero la creencia pudo más que evidencia. La decisión legislativa se fundamentó en convicciones privadas, que valen para uno mismo, antes que en razones públicas, que deben ser válidas para los demás.

Dejar un comentario