jueves 6 de octubre de 2022
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Una película de espías en medio del ajuste innombrable

Ya era martes en Beijing cuando sonó el celular de Sabino Vaca Narvaja. Era Santiago Cafiero desde la noche porteña del lunes. El canciller ya había salido a aclarar por radio que el embajador en China no estaba autorizado a «señalar visitas o misiones de terceros países» y que la Argentina solo se proponía «seguir llamando a desescalar conflictos». Fue apenas horas después de que Vaca Narvaja calificara el sorpresivo desembarco en Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense, Nancy Pelosi, como «una provocación para China y un problema para toda la comunidad internacional». Desde esa visita, día y noche, los portaaviones y submarinos chinos maniobraban más cerca que nunca de Taipei, en una escalada de consecuencias aún imprevisibles entre las dos mayores potencias del mundo, ambas con poderío nuclear.

– ¡Pero no hacía falta ser tan peluches, Santiago! El principio de «una sola China» lo venimos sosteniendo hace 50 años y hasta Estados Unidos lo apoya en la ONU. Para ellos es como Malvinas para nosotros. Acá está muy sensible el tema y un gesto como el que tuvimos nos ayuda a destrabar mucho de lo que queremos destrabar. ¿Para qué recular?

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