Una reportera malhablada le da un giro al periodismo en la frontera de Estados Unidos

Priscilla Villarreal deambula en una vieja camioneta pick-up Dodge por las calles de Laredo; hace lo posible por presenciar redadas en contra de narcotraficantes y escenarios de asesinatos para llevar sus historias sobre el lado oscuro de la frontera sur de Estados Unidos a sus seguidores.

“Supongo que esto me hace famosa, ¿no?”, comentó Villarreal, una mujer de 34 años que abandonó la escuela en segundo año de bachillerato, lleva la cabeza rasurada y tiene muchos tatuajes. Ahora cuenta con unos 116.000 fervientes seguidores en Facebook. Podría decirse que es la periodista más influyente de Laredo, una ciudad fronteriza de 260.000 habitantes.


El veloz salto a la prominencia de Villarreal –quien informa en un espánglish salpicado con palabrotas y se hace llamar la Gordiloca– es un reflejo de la manera en que la gente de la frontera prefiere recibir las noticias y, tal vez, ofrece una mirada al futuro del periodismo.

Para Villarreal la notoriedad representa un gran cambio. Hace apenas unos años, trabajaba medio tiempo con un equipo de desguace que se dedicaba a recuperar la chatarra de los choques donde participaban tráileres. Batallaba con la depresión y el estrés postraumático de haber perdido un bebé que nació prematuro.