Vaca Muerta: los riesgos de hacerse rico demasiado rápido

La aparición de Vaca Muerta, con millonarias inversiones y proyección a largo plazo, impactó favorablemente en el desarrollo de muchas localidades del norte patagónico, además de lo que implica en el panorama energético nacional e incluso global. No obstante estos beneficios, que serían el sueño de cualquier provincia o municipio, a la par de este desarrollo aparecieron impactos sociales generados por la desigualdad salarial entre los petroleros y el resto de los trabajadores, un cambio demográfico que trae masivamente pobladores de otras regiones y las necesidades de infraestructura que no alcanzan a cubrir demandas cada vez más crecientes. A ello se suma una inflación superior a la del resto del país, donde un alquiler puede costar igual que en Puerto Madero. El tesoro energético que la Argentina conserva entre Neuquén y Río Negro tiene en su futuro cuentas sociales para saldar.

Según las cifras del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) del ministerio de Producción y Trabajo de la Nación, las diferencias salariales de los trabajadores petroleros de Neuquén con sus pares de otras actividades son muy elocuentes. Los últimos datos disponibles (septiembre de 2018) indican que mientras el salario promedio de la industria petrolera se ubica en $ 144.000, en la construcción es de $ 42.000, en la gastronomía es de $ 23.000, en la docencia es de $ 21.000 y en el turismo $ 28.000.


«La actividad petrolera genera desigualdad. Eso es así en Neuquén y en cualquier otra zona petrolera de la Argentina y del mundo. Lo que debe hacer una provincia como Neuquén es captar la mayor renta petrolera posible y transformarla en salud, educación y viviendas,» señala Luis Felipe Sapag, diputado provincial del Movimiento Popular Neuquino.