Vargas Llosa habló de García Márquez

Mario Vargas Llosa estaba un poco contrariado porque durante algunos días de su fin de verano en Lima había roto su rutina. Solo un par de días antes de esta conversación había dejado de asistir a la grabación de un spot para la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) debido a la sobrecarga de su agenda: en una misma semana presidió el encuentro de la Federación Internacional de la Libertad, que reunió a expresidentes, intelectuales y políticos del continente, y la primera Bienal de Novela, que lleva su nombre.

Sin embargo, fue la coordinación constante con la Casa Museo en Arequipa, a la que ha empezado a donar, no sin pena, los primeros miles de ejemplares de su biblioteca personal de Lima, lo que rompió su rutina de hierro. Vargas Llosa comentaba sus actividades y daba vértigo: viajar a Arequipa a inaugurar la biblioteca; a Ayacucho para pasar Semana Santa, vuelta a Lima a recibir un homenaje y luego a Venezuela, a solidarizarse con los opositores del régimen antes de visitar una Bogotá aún remecida por la muerte de García Márquez.


El Vargas Llosa de esa tarde no era todavía el hombre impactado que declaró escuetamente su pesar tras la muerte del otro gran novelista del boom. Lucía entusiasta a pesar del océano de compromisos que lo acechaba. Apenas le explicamos que la entrevista sería solo sobre literatura, se sintió de mejor ánimo aún. “Muy bien”, dijo. “¡A trabajar!”.