Venezuela y las brújulas ideológicas

Quiero hablar de lo que resuena cuando se nombra a Venezuela en las discusiones políticas de estos años. Las resonancias son más nítidas en momentos en que el desafío de Guaidó, avalado por una movilización popular enorme y lo que parece el acuerdo previo de varios gobiernos, desnuda la debilidad de Maduro y sus aliados. Bajo esas resonancias vibran algunos problemas ideológicos que el pensamiento de izquierda y las fuerzas políticas populares en América Latina deberán resolver en los próximos años. El fracaso del chavismo en Venezuela es la botamanga a la que el discurso y la imaginación de la derecha le hincaron los dientes. No la van a soltar.

Las conversaciones sobre el presente venezolano se interrumpen pronto con acusaciones. Para que fluya la que podría abrir este texto, me parece útil empezar exponiendo algunas de mis creencias.


Entiendo a la democracia como una forma de gobierno en la que todas las ciudadanas y ciudadanos pueden participar y los gobiernos pueden perder elecciones. Para eso, los opositores tienen que hacer política sin que su libertad o su integridad física corran riesgos, las condiciones de la competencia electoral tienen que ser parejas, los que ganan elecciones tienen que asumir los cargos y los que las pierden se tienen que ir a la casa. En Venezuela quienes hacen política desde la oposición corren riesgos muy serios, la competencia electoral está groseramente inclinada a favor del oficialismo y cuando los resultados de las elecciones legislativas no lo favorecieron, Maduro armó otra asamblea, cambió la constitución, reprimió muy violentamente las movilizaciones opositoras de 2016 y en 2018 renovó su mandato en una elección muy cuestionada. Podemos discutir cuándo Venezuela dejó de parecerse a lo que propongo llamar “democracia”. No tengo ninguna duda de que desde hace varios años vive bajo un régimen autoritario.