lunes 6 de diciembre de 2021
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Verbitsky: «La dudosa muerte del fiscal»

Es prematuro concluir si el fiscal general Alberto Nisman se suicidó o fue asesinado. Cualquier afirmación al respecto que no esté sustentada por constancias indudables de la investigación sólo tiende a capitalizar lo sucedido en una dirección u otra.

Una lastimosa tradición nacional induce a sospechar de las apariencias. Pero el brigadier Rodolfo Echegoyen, quien investigaba en la Aduana un caso de narcotráfico mientras la Aeronáutica era conducida por su camarada José Antonio Juliá (el padre de los dos condenados en España por ese mismo delito), no tenía rastros de pólvora en las manos cuando lo suicidaron en 1990, ni marcas de la patada que en todos los peritajes posteriores produjo el 38 especial empleado. El capitán de navío Horacio Pedro Estrada, quien en 1997 estaba imputado en la causa por la venta ilegal de armas, era zurdo y el disparo ingresó por la zona derecha de la nuca. Pruebe a cruzar el brazo por detrás de la cabeza y apuntarse a la nuca del lado opuesto y después opine. Marcelo Cattáneo, acusado de pagar sobornos por las contrataciones del Banco Nación con IBM, apareció colgado al año siguiente, con un recorte de diario en la boca sobre el caso que lo involucraba. Lourdes Di Natale cayó por el balcón en 2003 con un tenor alcohólico en la sangre que no le hubiera permitido ni llegar a la ventana, y en toda la casa no había una sola bebida alcohólica.

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