lunes 18 de febrero

Verdad científica y posverdad mediática: conflicto de intereses

Para muchos, el año 2016 estuvo marcado por dos hechos políticos: la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos y el referéndum de Brexit en el Reino Unido. Pero, para algunos de nosotros, el hecho fundamental fue que el diccionario Oxford eligió posverdad como palabra del año. Definida como “las circunstancias en las que los hechos objetivos influencian menos a la opinión pública que las apelaciones a la emoción o a las creencias personales”, la palabra posverdad empezó a aparecer por todos lados, como una explicación mágica y teleológica. “Claro, estamos en la época de la posverdad, y por eso pasó esto”. Pero ese tipo de explicación de la posverdad es apenas una forma más de la posverdad. No explica nada. Más parece una justificación ex post que ni siquiera busca intentar entender el fenómeno a fondo.

Claro que hay una relación entre Trump y Brexit, y la posverdad. Los ciudadanos de ambos países tenían a su disposición información correcta, hubo varios expertos alertando acerca de que no era cierto que Gran Bretaña ahorraría dinero si se separaba de la Unión Europea, ni que los inmigrantes mexicanos fueran responsables de los crímenes en Estados Unidos. Pero, aparentemente, los votantes se sintieron más convocados por eslóganes que demonizaban al otro, por campañas en las que abundaron las informaciones falsas o las frases grandilocuentes, vagas y vacías de contenido.