¿Viajamos diferente desde que existe Instagram?

¿Sabrán los centennials que hace veinte años cuando alguien volvía de vacaciones llamaba a sus amigos y se juntaban todos a «mirar las fotos del viaje»? La relación entre la fotografía y el turismo es un matrimonio de larga data: la humanidad ya lleva varias generaciones sonriendo ante cámaras de todo tipo y tamaño al lado de una cascada, una montaña o un monumento emblemático. Así y todo, las redes sociales trajeron algunas novedades: la posibilidad de compartir las vacaciones en tiempo real, el acceso a las experiencias de viaje de muchísima gente -con la que no tendríamos confianza para juntarnos en casa a mirar las fotos- y el consiguiente imperativo de exhibir el propio viaje como marca de pertenencia y objeto aspiracional.

¿Cambió Instagram las maneras, las razones y el sentido de nuestros viajes? En algunos sentidos sí; en otros, no estamos tan lejos de los rollos velados y las expresiones serias de nuestros abuelos en la Bristol.