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sábado 15 de mayo de 2021
Cursos de periodismo

Viale y compañía

Es paradójico: la muerte de ciertas personas potencia su vida, los hace ver más vivos que nunca en la cadena nacional voluntaria en la que se convierte su despedida. De Mauro Viale hay horas, días, quizás años de videos para reproducir. Hasta este viernes, hacía un programa diario, Mauro, más que noticias, y uno de 5 horas los domingos, Mauro, la pura verdad. Pero esa exigente rutina empezó hace unas tres décadas, como mínimo. Durante varios años de los 90, Viale tenía un programa de dos horas a la mañana y otro de duración similar al mediodía. Si sintonizabas ATC entre el 91 y el 96, tenías una posibilidad certera de encontrarte con él. Mauro Viale era la televisión. Y desde sus títulos, sus programas además acentuaban esa simbiosis televisión-vida que era parte de su época: La mañana con Mauro, El mediodía con Mauro, Anochecer con Mauro. La tele como compañía pero también como omnipresencia: desde esa plataforma cotidiana, Mauro Viale definió cómo la televisión argentina tramitaba su proceso estético y ético hacia “devorarlo todo”, como decía Oscar Landi. La televisión de esos años devoró a la política -recuerden ese hit llamado “videopolítica”- y brindó una nueva versión -televisiva- de los casos reales. En años de enorme cuestionamiento a la justicia desde programas de periodismo de investigación “serio” -furor de Dia D, por ejemplo-, Viale hizo cuanto pudo para quitarle todo halo de solemnidad a la institución justicia y a causas judiciales, como con el desfile de testigos del Caso Cóppola, que cobró vida propia. Lo hizo desde una pantalla como ATC, otra institución altamente cuestionada de la época.

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