domingo 9 de diciembre

Viejas antinomias, nuevos rencores y negocios electrizantes al compás del poder

Es una disyuntiva añeja, de las que en la Casa Rosada achacan a economistas pasados de moda. Pero fue el propio Presidente quien la reeditó, cuando volvió a desairar a los popes de la Unión Industrial Argentina (UIA) y a sobreactuar su afinidad con las cámaras agrícolas. La tensión entre campo y industria pareció volver con todo, casi como en la pelea de diez años atrás por las retenciones móviles, en medio de un clima económico enrarecido por la grave sequía que castiga a la pampa húmeda, la devaluación que debió salir a frenar el Banco Central y la impotencia oficial frente a la inflación. Como resultado, el Gobierno terminó enfrentado amargamente con Arcor, el mayor grupo alimentario del país, principal productor de caramelos del mundo y primer exportador de golosinas de la región.

Los representantes de la UIA no iban con grandes expectativas a la reunión del lunes con Marcos Peña y el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, quien no solo los había llamado “llorones” por radio sino que lo había ratificado en una columna de opinión apenas 24 horas antes del encuentro. El saldo de la cita fue políticamente peor que lo esperado porque Mauricio Macri evitó pasar a saludarlos por el despacho del jefe de Gabinete, contiguo al suyo en el primer piso de la Rosada. Y porque a la mañana siguiente, como si buscara marcar el contraste, voló más de 200 kilómetros para asistir a la inauguración de Expoagro, la feria agropecuaria que coorganizan los diarios Clarín y La Nación.


El enojo del Presidente con Luis Pagani, el número uno de Arcor, fue creciendo con el correr de los días. Primero por la alarma que encendió su mano derecha, Adrián Kaufmann, en la primera reunión del año de la Junta Directiva de la UIA. Allí advirtió que las importaciones de tomates enlatados se multiplicaron por cincuenta durante el último año. Después porque supo que Pagani había compartido con varios gobernadores su preocupación por la crisis de las economías regionales. Enemigo de las polémicas y de levantar el perfil, el heredero del imperio cordobés se limitó a comentar a sus amigos que estaba “dolido”. Uno de esos confidentes, el exfuncionario delasotista Jorge Lawson, desde el año pasado director del Banco Nación, hizo ayer malabares para evitar quedar en medio de la pelea al disertar en un seminario de The Economist donde también hablaron Nicolás Dujovne y Juan José Aranguren.

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