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martes 13 de abril de 2021
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Voto electrónico y polémica: por qué en el mundo se dejó de usar

Una tarde de junio de 2015, Alfredo Ortega se enteró por Twitter de que estaba disponible el código de las máquinas con las que se votaría unas semanas después en la Ciudad de Buenos Aires. Un héroe -que permanece anónimo- lo había publicado sin firma: en ningún lugar decía que eran las líneas que hacían funcionar las computadoras electorales de Magic Software Argentina. Pero la ofrenda estaba allí, en forma de lenguaje de programación Python, esperándolo a él (38 años, doctor en Informática, especialista en Seguridad de Avast) y a otros colegas hackers que podían tomarla con cuidado para analizar si, al ir a votar, el voto de los porteños estaría seguro.

Faltaba un mes para votar con el nuevo sistema electrónico en la Ciudad de Buenos Aires. Las fallas en las máquinas ya habían aparecido en Salta, la experiencia internacional indicaba más países alejándose de la votación tecnológica que adoptándola, y los especialistas (en software y en leyes) coincidían en que el cambio no era positivo. Ortega lo sabía: mirar dentro del ADN de la llamada «boleta única electrónica» podía significar un cambio.

-Lo primero que me pregunté fue simple: ¿Dónde suma el voto? Y después chequeé que cada persona pudiera votar una sola vez, para evitar un fraude.

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