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lunes 27 de septiembre de 2021
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Watergate, los papeles del Pentágono y ese Pulitzer que tuvo que devolver: la vida de Ben Bradlee, mítico director de «The Washington Post»

Pocas personas han tenido la suerte de Ben Bradlee (Boston, 1921-Washington, 2014) para toparse con el curso de una época. Al legendario director de The Washington Post entre 1968 y 1991, una de las figuras más representativas del periodismo del siglo XX y de cuyo nacimiento se cumplieron cien años el pasado 26 de agosto, le ocurrió en varias ocasiones. La Segunda Guerra Mundial, en la que participó; los motines raciales por los derechos civiles, varios de los cuales narró como reportero; o la entrada del glamur en la política con la llegada a la Casa Blanca de los Kennedy, de quienes era amigo, fueron algunos de los acontecimientos de los que fue un privilegiado espectador.

Bajo su liderazgo, el Post destapó los dos mayores escándalos políticos de Estados Unidos -las mentiras de varios presidentes sobre Vietnam, gracias a los Papeles del Pentágono; y el espionaje del caso Watergate que acabaría con la presidencia de Richard Nixon-, pero parte de la fama que Bradlee alcanzó es debida al cine. Su imagen de grandullón enérgico y algo malhumorado, enfundado en camisas a rayas de cuello blanco de la marca londinense Turnbull & Asser, es inseparable del éxito que, contra su criterio, alcanzó el director Alan J. Pakula con Todos los hombres del presidente (1976), película en la que Robert Redford y Dustin Hoffman interpretan a Bob Woodward y Carl Bernstein, los dos reporteros a los que Bradlee (Jason Robards) y otros guiaron en la revelación del Watergate. Pero más allá de los hitos informativos a los que contribuyó, su mayor legado procede de la relevancia que concedió a que la prensa diaria contara las transformaciones cotidianas, un interés que procedía del intenso cambio social generado por la contracultura de los sesenta.

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