Waterloo amarillo

Al final no hubo sorpresas. Las derrotas en las provincias, anticiparon la derrota nacional. El momentum -bastante artificial- que empujó la recuperación de Macri, se cruzó con la realidad de los votos. No se puede construir una pared más alta que los ladrillos que se tiene.

La híper polarización a la que Marcos Peña jugó la suerte del proyecto político de su jefe, tenía un riesgo que este domingo se manifestó: El peronismo podía ganar en primer vuelta, por la sencilla razón que tiene un piso electoral que al menos supera por diez puntos al núcleo duro del macrismo. Polarización y apuesta al ballotage, son dos engranajes que se activan si se llega a la segunda vuelta. Si esto no ocurre es un juguete sin cuerda.


La dedicación personal que Alberto Fernández y Cristina Kirchner le concedieron a la incorporación de Sergio Massa, ahora se entiende en plenitud. Como se anticipó en esta columna, el líder del Frente Renovador era una pieza crítica del posible resultado.