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lunes 27 de septiembre de 2021
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Watts, el gran observador, desde el fondo del escenario, de la historia de los Stones

El grano de la voz, decía Roland Barthes. Tomaba un elemento de la fotografía y lo utilizaba para hablar del canto –y de los cantantes que le gustaban y los que no– pero su hallazgo bien vale, todavía, para hablar de aquello que está más allá de lo tangible. Para hablar, por ejemplo, de los Rolling Stones y de una de sus piezas esenciales, la batería de Charlie Watts.

El secreto de los Stones tal vez siempre hayan sido los propios Stones haciendo de sí mismos. Aprendieron eso casi en seguida, cuando todavía eran un grupo juvenil poniendo en juego su admiración por el rhythm & blues afronorteamericano y por sus secuelas blancas. Es posible que sin las malas interpretaciones y la técnica musical deficiente con que los jóvenes ingleses se pusieron a tocar y cantar lo que les llegaba en los discos que transportaban, de un continente a otro, los marineros de la posguerra, la revolución musical más importante de la segunda mitad del siglo XX jamás hubiera existido. Sin ese blues y ese rock’n roll imitado de manera afortunadamente imperfecta jamás hubiera habido eso que más tarde, para simplificar, acabó llamándose rock a secas.

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