Woody Allen: “Una vez muerto, pueden tirar mis películas al mar. La posteridad me importa un pito”

Como la climatología es así de caprichosa, el día elegido para charlar con Woody Allen sobre Día de lluvia en Nueva York (50ª película en su filmografía) fue un día de aguacero en San Sebastián. Allí ultimaba el rodaje de otro largo, provisionalmente titulado Rifkin’s Festival. El cine, la vida, la muerte, el fracaso, el sexo, la nostalgia, Bergman, Shakespeare, Trump…, de todo ello se habló durante casi una hora. De las cuestiones más espinosas apenas se pudo. Su publicista personal había avisado: nada de preguntas sobre el contencioso legal entre Allen y Amazon. El director tiene interpuesta una demanda por 68 millones de dólares (unos 60 millones de euros) contra la productora de Día de lluvia… por no estrenar la película en EE UU tras unas declaraciones suyas sobre el movimiento #MeToo. No se mostró muy locuaz el autor de Annie Hall cuando se le preguntó por su estado de ánimo tras las reiteradas acusaciones de abusos sexuales lanzadas contra él por Dylan Farrow, hija adoptiva suya y de su expareja Mia Farrow. Los supuestos hechos se remontan a 1993, cuando Dylan Farrow tenía siete años. Allen fue objeto de una larga investigación y finalmente exonerado. Nunca ha sido condenado por este asunto.