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sábado 16 de octubre de 2021
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¿Y dónde está Rafael Nahuel?

Sí, ya lo sé. Son casos distintos. Una desaparición forzada y un «muerto en un enfrentamiento». Una persona que permanece desaparecida 78 días y otra que a las pocas horas se confirma que fue asesinada por la espalda. Santiago y Rafael. Maldonado y Nahuel. Dos víctimas de las fuerzas represivas del Estado. Dos personas que pusieron el cuerpo en la lucha por el territorio indígena. Y dos caras de un muy disímil efecto de empatía y movilización.

Viernes 1º de septiembre de 2017. Al mes de la represión en el Lof en Resistencia Cushamen, en Chubut, no había cuerpo. La figura del «desaparecido» reactivó -con sobrados argumentos- uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de nuestro país. Y una multitud desbordó la Plaza de Mayo para preguntar “¿Dónde está Santiago Maldonado?”. Se calcula que sólo ahí asistieron más de 300 mil personas. Al finalizar, hubo una feroz represión y una veintena de detenidos y detenidas.

Localidades de todo el territorio nacional se unieron al reclamo. Hubo marchas y concentraciones en La Plata, Mar del Plata, Rosario, Santa Fe, Paraná, Gualeguaychú, Colón, Concordia, Córdoba, Posadas, Resistencia, Corrientes, San Miguel de Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza, San Rafael, San Martín de los Andes, Viedma, El Bolsón, Bariloche, Río Turbio y Ushuaia, entre otros lugares. El pedido de justicia trascendió las fronteras y se hizo oír en otros países de Latinoamérica y Europa.

Las fotos y videos de esas movilizaciones se viralizaron en Facebook y Twitter. Sus profundos ojos celestes y su barba profusa se replicaron en una fértil y variada producción artística que acompañó su búsqueda: canciones, banderas, caricaturas, dibujos, pinturas, historietas, grafittis, etc.; que se sumaron a las formas creativas de reclamar por su vida.

Un amplio arco de organismos de derechos humanos y partidos políticos respaldó a esa familia que con claridad y entereza encabezó la búsqueda. Una familia que también supo dar cátedra de humanidad a una inconmensurable cantidad de medios de comunicación (tanto nacionales como internacionales) que insaciables de detalles transmitían sobre el tema en cadena nacional sin chequear, sin respetar la intimidad, sin un mínimo de ética y profesionalismo. Víctima de las fuerzas represivas y de innumerables discursos de odio.

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