miércoles 17 de octubre

¿Y si los hoteles libres de niños fuesen una auténtica locura?

La vieja melodía de Joan Manuel Serrat , “Esos locos bajitos” (“Niño, deja ya de joder con la pelota/Que eso no se dice/que eso no se toca…”) está hoy más viva que nunca en el agresivo debate sobre los espacios sin niños. Adultos que han elegido no tener hijos reclaman cada vez más la existencia de hoteles, restaurants y otros espacios públicos libres de niños. Contra ellos se levanta un bloque de padres y madres, que organizan toda su existencia alrededor de los hijos y consideran una aberración esta propuesta de segregación de los niños de la vida pública.

¿Quién tiene razón aquí? ¿La tiene realmente alguien?


El argumento central de quienes defienden la legitimidad de la existencia de zonas sin niños es la libertad de elección y la riqueza de las opciones de ocio: así como puede haber hoteles o restaurantes vegetarianos, o gay friendly, puede haber hoteles especialmente atractivos para familias con niños y también hoteles sin niños; “que cada cual vaya al que prefiera, todos somos igual de libres para elegir”, vienen a decir. Y aducen también, cómo no, el “derecho de admisión” legislado en todas las ordenaciones jurídicas modernas.

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