lunes 27 de junio de 2022
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¿Y si no le pagamos al fondo?

Diciembre es el mes en el que las fuerzas mayoritarias del sistema político argentino se aprestan a consensuar las bases de una nueva gobernabilidad, acordando con el Fondo Monetario Internacional. Y como en los peores años de la hegemonía neoliberal, cualquier alternativa es tachada como irresponsable por los factores de poder y el posibilismo del siglo veintiuno. ¿Es cierto que no se puede hacer otra cosa más que entregar la soberanía y apostar al ajuste? En este artículo, las razones para una opción superadora.

La deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), producto del mayor crédito que haya entregado jamás ese organismo multilateral a un país en sus 77 años de historia, se instaló como el eje central de la política argentina la noche de las elecciones de medio término donde el peronismo cayó derrotado ante la misma fuerza que la contrajo. Aunque en los inicios de la campaña ignoró el debate y después insistió en que no se apuraría a pactar con el FMI por las condiciones que le exigen a cambio, Alberto Fernández no esperó siquiera a que se terminaran de contar los votos para anunciar el envío al Congreso de un plan plurianual que sirva como base para el nuevo acuerdo con el Fondo.
La meta oficial es cerrar ese acuerdo lo antes posible. Quedará en el plano testimonial la “querella criminal” que el propio presidente anunció en marzo para determinar si el préstamo se tomó en condiciones fraudulentas. También el pedido de informes sobre la acelerada fuga de esos dólares prestados, que aprobó en 2020 la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Deuda, y el lapidario estudio que publicó como respuesta el Banco Central.
Hubo desafíos internos, como cuando en mayo el Senado instó al Ejecutivo, por iniciativa del kirchnerismo, a que los Derechos Especiales de Giro (DEGs) que repartió el Fondo para la reconstrucción post COVID «se apliquen a financiar políticas tendientes a resolver los graves problemas derivados de la pandemia» y «no al pago de intereses ni de capitales adeudados”, como finalmente ocurrió. Pero dos días después de que el jefe de Gabinete Juan Manzur les jurara a empresarios que la Rosada persigue el entendimiento “por todos los medios”, y mientras se prepara el decisivo debate parlamentario, la propia Cristina Kirchner renunció por carta a acaudillar la resistencia contra el condicionamiento permanente del FMI y sus recetas de ajuste fiscal, devaluación, desregulación, primarización y flexibilización de la economía.

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