lunes 18 de febrero

Ya no es riesgo Cristina; es riesgo Macri

A mediados de 2016, María Eugenia Vidal se reunió con Carlos Rosenkrantz. Ella era la estrella en ascenso de la política argentina y él acababa de ser propuesto para integrar la Corte Suprema de Justicia. “Quiero que sepa que estoy impulsando la ley para que nos restituyan el fondo de reparación histórica del Conurbano a los bonaerenses”, le dijo entonces la gobernadora, voluntariosa y consciente de todos modos que ese proyecto iba a tardar años en llegar al máximo Tribunal. Pero fue otra circunstancia la que encendió su curiosidad. Un pedido del hombre de leyes que la sorprendió.

El futuro presidente de la Corte le pidió que le enviara saludos para el Presidente. Justamente para quien acababa de proponer su nombre. Vidal se enteró ese día que ni Mauricio Macri se había comunicado con el jurista antes de impulsarlo. Y que Rosenkrantz tampoco le había hablado para acusar recibo de su designación. Nada. Ni un llamado telefónico, ni un mail ni un mensaje de whatsapp.


El silencio de radio entre la Casa Rosada y el ministro de la Corte cuidadosamente elegido se prolongaría en el futuro y sirve para entender un poco la derrota política que el Gobierno sufrió el martes en el Tribunal. Para los funcionarios que alguna vez hayan escuchado a Bob Dylan, la respuesta siempre estuvo escrita en el viento.