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jueves 22 de abril de 2021
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Yo me quedo en casa, patrona

“Chicas, trabajo con cama pero me quiero ir. ¿Cómo hago? ¿Se puede viajar? Acá mi patrona me dice que no puedo salir a la calle, que es peligroso, pero yo quiero estar en mi casa”. Hasta animarse a escribir eso, María aguantó quince días. Cuando Alberto Fernández anunció la cuarentena obligatoria, ella escuchó la noticia desde la cocina, mientras hacía la cena para los patrones, y de inmediato “la señora” se le acercó y le dijo que nadie podría salir a la calle por decreto así que se tendría que quedar ahí, con ellos, en Olivos. María pensó que tal vez era lo mejor, así podía cobrar el sueldo completo a fin de mes y, además, tuvo miedo, porque la patrona se paseaba de un lado al otro de la casa diciendo en voz alta: “El que sale a la calle va preso. ¡Va preso!”, así que aguantó esos días sin quejarse. Pero la oficialización de otra quincena de aislamiento la quebró: se quería ir y no conocía a nadie para preguntar qué hacer.

Hacía dos años que había llegado de Paraguay. Ahí fue cuando escribió a la página del sindicato, la Unión del Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP), y contó lo que pasaba. No tuvo respuesta del gremio. Sí de sus pares, que enseguida la contactaron. Le contaron del permiso para circular y de sus derechos. Entonces tomó coraje y fue a hablarles a sus patrones. En realidad, primero fue con la dueña de casa, que le dijo que iba a consultarlo con su marido. Ya juntos, los dos le preguntaron quién le había dado esa información. “Una tía que trabaja en Nordelta”, inventó al vuelo, para no exponerse a decir que había escrito en la página y porque sabía que mencionar a las trabajadoras del country más grande de Argentina luego de la revuelta del 2019, cuando expusieron la discriminación que vivían en sus lugares de trabajo, hace recular a los patrones. Ellos se encerraron en su estudio. Al salir, montaron una escena: que era tarde, que se debería haber ido el viernes, que ese permiso no servía. También usaron otra estrategia, le recordaron lo importante que era para la casa, que sin ella no podían seguir. Un bolero. Le mostraban los mensajes con sus amigos en los que le advertían que no la dejaran salir, que corría riesgo de ir presa, le hacían escuchar los audios. Ella, a su vez, también recibía mensajes de las trabajadoras de Nordelta que la alentaban a que insistiera, que tenía que estar en su casa y con sueldo pago. Insistió, pero la cara de la señora se transformó: “Si querés arriesgate, pero si te agarran, te van a hacer una causa y acá yo no te voy a querer más”. María pudo irse a su casa, después de quince días, envalentonada por la información que le dieron las otras trabajadoras. Pero no todas lograron esa salida.

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