martes 21 de agosto
Interesante

“El poder del juego”, de Federico Poore y Ramón Indart

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En el libro “El poder del juego”, los periodistas Ramón Indart y Federico Poore siguen el hilo de la connivencia de la clase política —desde Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner hasta Mauricio Macri y Hermes Binner— con los operadores del juego en la Argentina. El resultado de ese trabajo minucioso, exhaustivo y sin concesiones revela un mundo en el que abundan las influencias, los intercambios de favores y una circulación poco clara de poderes y de dinero. El poder del juego es un libro indispensable para conocer la trama oculta que se pone en marcha cada vez que alguien se sienta ante una máquina tragamonedas, apuesta fichas en un paño verde o llena una tarjeta de bingo.

Aquí, un adelanto exclusivo sobre el ascenso de Cristóbal López:

Cristóbal patea el tablero

Entre mediados de 2003 y fines de 2009 el mapa del juego en la provincia de Buenos Aires era un acuerdo de caballeros. Por un lado, estaba el Grupo Codere, que explotaba catorce bingos con tragamonedas ya legalizadas. Por el otro, la sociedad entre Daniel Mautone y Daniel Angelici, que durante un tiempo representó al resto de los bingueros ante el poder político. En el medio, quedaban los negocios de Antonio Tabanelli (captura de apuestas, tragamonedas en casinos y el Trilenium de Tigre), que se afianzaban gracias a las generosas prórrogas.

Sin embargo, en algún momento de aquel año fatídico signado por el dengue, la gripe A y la victoria electoral de Francisco de Narváez, un empresario relativamente desconocido, Aurelio Serra, se convirtió en la llave del ingreso de Cristóbal López en el territorio bonaerense.

Serra era dueño de dos salas en Villa Gesell y de los bingos de Pinamar y Los Polvorines, además de ser socio de Mautone y Angelici en la cría de caballos de carrera con Bingo Horse.

Cristóbal no podía crear nuevos bingos, así que decidió hacerse de algunos de los ya existentes. Junto con su socio Federico Miguel de Achával, le compró a Serra los bingos de Villa Gesell y Pinamar. Fuentes del sector aseguran que por la segunda sala habría pagado veinticinco millones de dólares, a pesar de que a ninguno de los dos le interesaba demasiado esas zonas. López y De Achával renombraron a esta última sociedad Binbaires S.A. y, aprovechando un curioso permiso del IPLYC, la mudaron a Los Polvorines, una zona pobre del municipio de Malvinas Argentinas, donde gobierna el ex kirchnerista Jesús Cariglino.

La práctica del “bingo con rueditas” se repetiría con la mudanza de las dos salas de Villa Gesell: una a Olavarría y otra a Ezeiza —donde gobiernan allegados al ministro de Seguridad de la provincia Alejandro Granados—, según confirmaron voceros de López a los autores. Una vez completado el traspaso, los empresarios esperan recaudar entre cuatrocientos y quinientos millones de pesos al año. La institución a beneficio que por ley recibe un porcentaje de la recaudación pasaría a ser el club Tristán Suárez, cuyo presidente es Gastón Granados, hijo del funcionario.

Y si bien los rumores de que López también había comprado las salas de Avellaneda y Florencio Varela fueron rápidamente desmentidos,lo cierto es que hizo lo que había prometido no hacer: entrar en la provincia de Buenos Aires.

La primera fase del proyecto, que culminó con el desembarco de López en el conurbano pobre, fue relativamente sencilla. La segunda era más ambiciosa: sembrar miles de máquinas tragamonedas en el Hipódromo de San Isidro, tal como había hecho en Palermo hacía más de una década. El concesionario allí era el Jockey Club y las conversaciones hacían prever unacuerdo. Sin embargo, el principal escollo era la ley: en los hipódromos bonaerenses están prohibidos los slots.

Pero todo es negociable. El empresario Bruno Quintana, titular del Jockey Club Argentino hasta septiembre de 2011, le dijo a la revista Argentina Turf: “Si me preguntan si me gustan las máquinas tragamonedas, diría que no. Si no existieran en todo el mundo, sería mejor. Como las hay, lamentablemente, debo disponer de las mismas armas económicas para poder competir”.

La ayuda de Daniel Osvaldo

Todo esto sucedió tras la llegada de Scioli a la Gobernación bonaerense. Y es que, según confirmaron fuentes políticas y empresariales, el ex motonauta no solo le abrió las puertas a López, sino que además se encargó de desmontar las modestas reformas transparentistas que Solá había impulsado en el IPLYC.

Las nuevas autoridades fueron una muestra de ello.

Su primera decisión fue nombrar al frente del organismo a Luis Alberto “Chiche” Peluso, apostador furioso y titular de la empresa de limpieza Linser. En julio de 2009, luego de una serie de investigaciones judiciales en su contra (incluida una iniciada por la AFIP) y muy a su pesar, el gobernador lo desplazó del cargo.

Una de las denuncias era que Peluso había dirigido una mesa de dinero ilegal en la Estrella de la Fortuna, uno de los dos casinos flotantes de Puerto Madero. El denunciante fue un ex empleado de Lotería, Rubén José Curdi, quien contó a Perfil en 2009 cómo se manejaba el negocio. De acuerdo con la Fiscalía, Chiche prestaba dinero no declarado a apostadores fuertes, lo cual no encajaba del todo con su flamante cargo, según detalló, también, Walter Martello en su libro No va más. Más aún: según las sospechas de la Oficina Anticorrupción, los contratos que Linser había firmado con organismos públicos durante la década de los noventa (incluyendo Entel en la época de la intervención de María Julia Alsogaray y el PAMI durante la gestión de Víctor Alderete) abundaban en sobreprecios y otras irregularidades.

Scioli intentó defender a su amigo hasta que el costo político de la estrategia superó sus supuestos beneficios. (Así y todo, su espíritu aún pervive en el IPLYC: la contadora María del Pilar Rego, directora de Linser desde 2010, fue designada asesora de la presidencia del organismo, al mismo tiempo que Felipe Ignacio Corsunsky —vinculado a Limpiolux, la empresa de Norberto Peluso, hermano de Chiche— permanece como director de Juegos y Explotación). Fue entonces cuando el mandatario dispuso la normalización del IPLYC, luego de años de intervenciones, y nombró a un personaje que ya apareció tangencialmente en estas páginas: Jorge Norberto “Piedrita” Rodríguez.

Nacido en Salazar, provincia de Buenos Aires, Rodríguez llegó a La Plata para estudiar abogacía. Uno de sus primeros trabajos allí fue en el Hipódromo. Sus conocidos dicen que el apodo nació por aquel entonces, porque su tarea era juntar las piedras que saltaban de la pista durante las carreras.

Sus defensores destacaron que era un funcionario de carrera. Y qué carrera: Rodríguez fue uno de los que en 1998 habilitaron el funcionamiento de las máquinas tragamonedas en los bingos de la provincia, al interpretar que los slots eran una “variante” de los cartones. Tal vez por ello, Scioli premió a este estimulador de apuestas con la titularidad del IPLYC. Aunque el secreto a voces en La Plata es que Rodríguez representa apenas una pantalla de los verdaderos factótum del juego en la provincia: Chiche Peluso, Néstor Cotignola y Carlos Gallo.

Cotignola, a la fecha vicepresidente de Lotería de la Provincia, fue uno de los cinco aportantes más grandes en la campaña del Frente para la Victoria en 2007. La marcada diferencia entre sus ingresos declarados y sus generosos aportes en época de elecciones le valieron una investigación en la Justicia por presunto enriquecimiento ilícito. La causa fue archivada.

Sobre Gallo se hablará en el próximo capítulo. Por ahora, cabe destacar que el funcionario atravesó las gestiones de Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Aníbal Ibarra y Jorge Telerman y las resoluciones que lleva firmadas hablan a las claras de su preferencia por un operador en particular: Cristóbal López.

Entramado de negocios

Se enojan cuando lo llaman “el Zar del juego”. Compró medios de comunicación por orden de Néstor Kirchner. Financió todas sus campañas desde que el santacruceño era intendente de Río Gallegos. Cristóbal López es, tal vez, el empresario argentino más mencionado a la hora de hablar de los beneficiados por el kirchnerismo, grupo que comparte junto con Lázaro Báez. Pero ¿cuánto hay de cierto y cuánto de fantasía en torno al hombre que hoy opera casinos en más de un tercio de las provincias argentinas? Ante todo, una diferencia entre ambos empresarios:

Cristóbal ya era millonario antes de conocer a Kirchner en diciembre de 1998, cuando hablaron por teléfono porque López necesitaba, de manera urgente, que Pérez Companc le otorgara una obra a su empresa de perforación de pozos petroleros, Almería Austral, un trabajo que estaba a punto de ser adjudicado a la estadounidense Pride. Néstor intercedió y lo benefició. En ese momento nació el agradecimiento eterno al patagónico.

López se jacta de haber ingresado en el negocio del juego mucho antes de su relación de amistad con el ex presidente. Le asiste razón. Más aún: su primer casino ni siquiera estuvo en Santa Cruz sino en Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut, lugar donde vive hasta la fecha. Era 1991 y el principal impulsor de la movida fue uno de sus socios, Ricardo Benedicto.

Para entender el entramado de empresas y negocios de los cuales participa es preciso separar Casino Club, su empresa de operación de salas, del Grupo Indalo, compañía con la que produce alimentos y opera servicios públicos y medios de comunicación.

El Grupo Indalo está compuesto por compañías en las cuales López posee entre el setenta y el noventa por ciento de las acciones, según informaron desde el entorno del empresario a los autores. El grupo tiene dieciocho mil empleados y en 2012, según cifras de la propia empresa, facturó unos 12.000 millones de pesos.

En el rubro alimentos posee Aceites Indalo y La Salamandra, dedicada a la producción de quesos y dulce de leche; Olivares del Sol, Ganadera Santa Elena y Promet, que fabrica aceite y planta olivos. Las dos últimas facturan diecinueve millones de dólares al año.

También opera las empresas Serma, Oil M&S, Clear e Indalo Transportes, que presta servicios de transporte público de pasajeros en las ciudades de Neuquén y Plottier, así como las concesionarias Feadar y Tsuyoi. Con Oil Combustibles, López se ubicó en el quinto lugar en el negocio de las petroleras, detrás de YPF, Esso (Axion), Shell y Petrobras, tras comprarle a la multinacional brasileña 365 estaciones de servicio y la refinería San Lorenzo por 110 millones de dólares.

En el negocio metalúrgico y petrolero, Indalo controla Petrolera Cerro Negro, Álcalis de la Patagonia y Paraná Metal. En el rentable rubro de la construcción maneja CPC Ingeniería e Infraestructura, Esuvial, CV1 y Oil Construcciones.

El último rubro en el que desembarcó el conglomerado fue el de los medios de comunicación. El Grupo Indalo maneja el portal Minuto Uno, la productora Ideas del Sur (junto con Marcelo Tinelli), las radios Mega 98.3, Pop 101.5 y Radio 10, además del canal de cable C5N y medios más chicos como Noche Polar, el diario El Patagónico y Radio del Mar, de Comodoro Rivadavia.

Socios en los casinos

Los competidores de López admiten por lo bajo que el patagónico, además de ser inteligente, “sabe elegir a los mejores para cada rubro”. Y es que, en lo que respecta al juego, Casino Club no es solo propiedad de López, que tiene “apenas” el treinta por ciento de la compañía. Las acciones se dividen de la siguiente manera:

– Cristóbal López: 30%

– Ricardo Benedicto: 30%

– Juan Castellanos Bonillo: 30%

– Héctor Cruz: 10%

Benedicto es, sin dudas, quien mejor conoce el negocio de los juegos de azar y quien aportó el know how del negocio. Este ingeniero viajó varias veces a Las Vegas para buscar ideas de cómo diseñar cada una de las salas que explota López.

Otro de sus socios es el empresario hotelero Juan Castellanos Bonillo. “El Gallego”, como se lo conoce, se venía dedicando al negocio turístico más tradicional hasta que Cristóbal le pidió que invirtiera en el treinta por ciento de sus casinos como una suerte de contrapeso interno a Benedicto, evitando así que este se apoderara del control total de la compañía. Su familia llegó de Arboleas, un pueblo de menos de tres mil habitantes, situado en Almería, durante la era dorada del primer peronismo. Comenzaron arrendando chacras y ganado y se instalaron en Comodoro Rivadavia, donde el padre de Juan trabajó para YPF hasta que pudo armar su propia empresa, Transportes Castellanos. Juan siempre se interesó por el rubro hotelero y fue uno de los fundadores de la Sociedad Hotelera del Sur. Cuenta la anécdota que, en 2011, Manuel Lao Hernández, socio de Cristóbal en los casinos de Puerto Madero, le compró una entrada para ver Barcelona-Real Madrid en el Camp Nou. Cuando llegó, se encontró al lado a López. Todo organizado por Lao Hernández

Como se detalló, el diez por ciento restante de la empresa pertenece a Héctor José Cruz, un sargento retirado que fue director del Casino de Neuquén durante la última dictadura. Es un entendido del rubro: entró a trabajar en la sala como empleado raso y durante el gobierno de facto ya ocupaba el puesto de interventor. Fue recién a mediados de los noventa que pasó a trabajar con López. Su función fue, tal vez, de las más importantes: sumó su experiencia para que Casino Club se hiciera de distintos casinos provinciales que hasta entonces estaban en manos del Estado. En la actualidad es quien se encarga de recorrer todas las salas de la empresa para controlar que ningún empleado meta la mano donde no debe. Organismos de derechos humanos denunciaron que Cruz figura en los listados de “personal civil de inteligencia del Ejército”, es decir que fue un espía de los militares. La lista fue publicada el 18 de febrero de 2010 por la revista Veintitrés, y su nombre aparece en el listado del personal civil que brindó servicios en el Destacamento de Inteligencia 182, entre 1976 y 1983.

Según cifras oficiales, Casino Club tiene 2.200 empleados. Factura mil millones de pesos al año y opera en Chubut, La Pampa, Tierra del Fuego, Mendoza, Santa Cruz, La Rioja y Misiones.

A esto hay que sumar la participación en otras salas donde Casino Club comparte el negocio con diferentes empresas. Tal es el caso del Casino Puerto Madero, que tiene 1.800 empleados y factura 1.500 millones de pesos al año, y en el que Casino Club tiene una participación del veinticinco por ciento. El resto se divide entre De Achával, titular de la empresa Hipódromo Argentino de Palermo S.A. (HAPSA), y la española Cirsa, de Manuel Lao Hernández.

También tiene una participación destacada en el propio Hipódromo de Palermo, el Casino Magic de Neuquén y el City Center de Rosario, que en 2008 desplazó al Trilenium como el casino más grande de Latinoamérica.

Cristobalito

Cristóbal Manuel López nació en 1956 en la ciudad de Buenos Aires. Toda su vida la pasó en Rada Tilly, Comodoro Rivadavia. Estuvo casado con Muriel Lucía Sosa y tiene dos hijos: todos ellos participan activamente de los negocios del grupo. Su padre era español, nacido en Almería. La enorme mayoría de los habitantes de Rada Tilly lo adora. Los vecinos de este lugar de apenas nueve mil habitantes repiten que es positivo trabajar en las empresas de López porque paga bien, nunca falta a su palabra y suele ayudar a las instituciones de la ciudad. Pero, sobre todo, porque Cristóbal se comporta “como un vecino más”.

En 1971, con apenas 15 años, comenzó a trabajar como repartidor de pollos del criadero de su padre. Con una flamante camioneta que consiguió con ayuda de sus padres, se quedó con el mejor recorrido de la Patagonia y logró excelentes resultados, pero al poco tiempo su padre le pidió que dejara el reparto y empezara a administrar la compañía. A pesar de su enojo, no tuvo más remedio que aceptar el mandato paterno. A las seis de la mañana de un domingo de 1976, sus padres fallecieron en un accidente automovilístico.6 A partir de entonces, López no fue más Cristobalito, sino Cristóbal a secas.

Su ingreso en el juego fue fruto de una casualidad. En el verano de 1990, la mujer de López se fue de vacaciones junto con su hermano Jorge y la esposa de este, Adriana. Pararon en el viejo hotel Comercio, sobre la avenida principal de Puerto Madryn. Cristóbal se unió a ellos un sábado a la noche. Durmió en el hotel y a la mañana siguiente, mientras desayunaba, escuchó que en una mesa contigua hablaban de que un empresario local, asociado con un porteño, había ganado la licitación del casino de Puerto Madryn y cómo seguramente se quedarían con el próximo concurso, el del casino de Comodoro Rivadavia.

Eran años de desregulación y privatizaciones, y cada provincia había empezado a organizar su propio sistema de loterías. Es decir, a licitar casinos.

López decidió participar de la licitación para levantar el casino de Comodoro. Fue a la agencia de Lotería y dijo:

—Quiero un pliego.

Cuarenta y ocho horas más tarde, tenía el pliego en un sobre.

Las dificultades iniciales de López para manejar varios de estos negocios al mismo tiempo derivaron en la llegada de Ricardo Benedicto, a quien había conocido cuando viajaron juntos a Italia para el Mundial ’90. Este nuevo socio, pareja de Myriam Elisabeth Costilla —antigua dueña de la constructora Kank y Costilla—, se encargó de ayudarlo a ingresar en el juego. Sus contactos con el entonces gobernador de Chubut Carlos Maestro resultaron fundamentales. En 1991 fundaron Casino Club S.A. y un año más tarde abrían sus primeras salas de juego.

Contrariamente a lo que podría pensarse, esta nueva empresa incursionó en otras provincias antes de llegar a Santa Cruz. En 1998, un acuerdo con el entonces gobernador misionero Ramón Puerta lo llevó a abrir su primera sala de tragamonedas en Posadas. Dos años más tarde, el gobernador de La Pampa, Rubén Marín, les concedió la explotación del casino en Santa Rosa. Paralelamente, López extendía sus negocios en Mendoza, La Rioja y Tierra del Fuego, donde comenzó a explotar salas en Río Grande y Ushuaia. Finalmente, en Santa Cruz abrió sendas casas de juegos en Río Gallegos, Caleta Olivia y El Calafate. Hoy la empresa opera doce casinos y quince salas de slots.

Tres salas

La pregunta que varios se hacen es cómo llegó Cristóbal López a Kirchner. A menudo las respuestas de la gente del Sur son poco más que mitos. Algunos mencionan el nexo con Armando “Bombón” Mercado, ex marido de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner. Otros apelan a la figura de Diego Ibáñez, ex titular del Sindicato Unido de Petroleros del Estado (SUPE). López niega todas esas versiones. “Me parece que nos presentó [Julio] De Vido”, dijo al periodista Lucio Di Mateo.

La ex auditora porteña Paula Oliveto Lago, una de las funcionarias que más investigó al empresario, cree que la llegada al superministro del kirchnerismo se dio “a través de Belinda Yáñez, esposa de Héctor Carlos Costilla”. Héctor era el hermano de Myriam, quien, como se mencionó, estaba casada con Benedicto.

López insiste en despegarse de los supuestos beneficios económicos de su alianza con el santacruceño. “Me quieren hacer aparecer como que yo soy el palo blanco, el testaferro, de Kirchner. Pero lo que tengo es de antes de que Kirchner fuese político”, dijo enojado a Clarín en 2008. “Soy contratista de YPF desde el ’83. Tengo concesionarias desde el ’89, casinos desde el año ’91, y ni lo conocía a Kirchner entonces”, explicó.

En rigor, tres de sus emprendimientos los obtuvo por adjudicación directa de Néstor Kirchner. El primero fue el casino de Río Gallegos, que inauguró el 1 de febrero de 2003 junto al intendente de la ciudad, el radical Héctor Roquel, y el por entonces gobernador Kirchner. (Dos semanas antes, el presidente Eduardo Duhalde ya le había dado el visto bueno a Néstor para ser su candidato en las elecciones presidenciales que ganaría el patagónico). Allí se enfrentaron a un viejo conocedor del paño, Carlos “Cacho” Ferrari, dueño del juego en Río Negro y otras provincias. Según el diario Río Negro, López intentó arrebatarle sus casinos en Las Grutas, El Faro y Cipolletti. Una serie de escándalos frenó las negociaciones, que parecían resueltas a favor del chubutense. Hasta la fecha, Casino Club sigue sin pisar suelo rionegrino.

La licitación para el casino de Río Gallegos había comenzado en septiembre de 2002. “El error, si es que fue tal, consistió en pedir un canon fijo para el Ministerio de Asuntos Sociales, en lugar de un porcentaje de la facturación”, señaló el diputado provincial de la UCR Roberto Giubetich.

Sin embargo, hacerse con la sala no fue tarea fácil. López ya había comprado unos terrenos frente a la ría, pero el Concejo Deliberante de la ciudad, hasta entonces dominado por la oposición, frenó sus planes. Cristóbal apeló a un plan B: compró dos terrenos en San Martín al 600, en la zona céntrica de la ciudad. El primero de ellos a Eduardo Costa, quien años más tarde sería candidato a gobernador por la UCR. Lo pagó más de dos millones de dólares. “Costa me extorsionó. Primero consiguieron que el Concejo Deliberante de Río Gallegos me corriera de la ría, aunque el intendente me había dicho que no habría problema con instalarnos allí. Después Costa me alquiló el terreno. Más adelante, cuando ya había invertido un millón de dólares en mejoras de esa propiedad, me cobró lo que quiso”, señaló López al periodista Lucio Di Matteo en el libro Gracias Néstor. En contrapartida, hizo un buen negocio con el otro terreno para su futuro casino, que le compró a Pablo Grasso por un millón de pesos. El lote había sido del Estado provincial. “Grasso es muy amigo de Cristóbal. Me parece que solo figuró como dueño transitorio”, dice Giubetich.

La segunda sala en Santa Cruz fue el casino de Caleta Olivia, inaugurado el 19 de diciembre de 2003 por el intendente Fernando Cotillo. Por entonces, Kirchner era presidente y el gobernador, un viejo conocido del santacruceño, Sergio Acevedo, quien en la actualidad está en las antípodas del oficialismo.

La tercera y última sala se inauguró en El Calafate, el lugar en el mundo de la presidenta Cristina Kirchner. La noche inaugural fue la del 18 de noviembre de 2005. El intendente era Néstor Méndez. Cambian los nombres, pero el empresario beneficiado es el mismo.

Abandonando ideales

En diciembre de 2013 los concejales rosarinos del Frente Progresista, Cívico y Social, partido del ex gobernador socialista Hermes Binner, estuvieron a punto de aprobar la extensión horaria del City Center para que el casino de Cristóbal López pudiera tener sus puertas abiertas durante las veinticuatro horas los fines de semana y las vísperas de feriado.

Gracias a los votos del socialismo, la medida ya tenía despacho de la Comisión de Gobierno, pero fue frenada luego de una serie de llamados de productores del show televisivo Perio- dismo Para Todos, que habían advertido que estarían en Rosario filmando la sesión. El gobierno decidió retirar la firma y el expediente sigue descansando en algún cajón, a la espera de la oportunidad para ser aprobado.

Históricamente, el Partido Socialista se opuso a la creación de casas de juego, dado que su idea de ascenso social se apoya en otros valores, sobre todo el trabajo. Así lo hizo notar el propio Binner cuando se inauguró el City Center bajo su mandato como gobernador:

—No es una cuestión moral. Una cosa es que estén en un lugar de vacaciones. Otra que estén en una ciudad de trabajo, y Rosario es una ciudad de trabajo —dijo a una semana de la puesta en marcha del casino durante una fastuosa fiesta a la que no concurrió.

Sí estuvieron varias celebridades (como Susana Giménez, madrina del casino rosarino) y 5guras de la política como el entonces intendente de Rosario Miguel Lifschitz y el ministro de Economía provincial Ángel Sciara.

En rigor, la Ley de Casinos llevaba la firma del ex gobernador peronista Carlos Reutemann. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, los dirigentes socialistas notaron que el canon abonado por los tres casinos de la provincia (Rosario, Melincué y Ciudad de Santa Fe) a sus arcas superaba con creces el de muchas otras industrias. La dura posición de los herederos de Alfredo Palacios se fue diluyendo, para disgusto de muchos de sus propios representantes en el Congreso.

Es que solo en Rosario, la provincia recauda casi tres millones de pesos por mes por las ochenta mesas de paño, cifra que posiblemente aumente tras la devaluación de enero de 2014, ya que el concesionario paga un monto mensual de 2.243 dólares, por un lado, y 1.820 euros, por otro, por cada mesa. A eso hay que sumar el 20,56 por ciento de la recaudación bruta de las máquinas tragamonedas.

A los socios de López esto les parece demasiado. En 2010, en una entrevista al diario El Ciudadano, Benedicto reconoció “una deuda en dólares muy grande” con la firma IGT, que fi- nanció la operación. “Hicimos un acuerdo y nos prestaron 140 millones de dólares. A cambio de eso nosotros tenemos que comprar los productos de ellos por una determinada cantidad de años. Y además hay que pagar los intereses. Y bueno, ahora hay que devolverlo y es duro. Además la provincia, a tres meses de inaugurar, nos cambió las reglas de juego. Porque nos habían dicho que la tasa de Ingresos Brutos era del 4,1 por ciento y ahora es del 6,5”, dijo Benedicto. Luego insistió en que, después de hacer frente a todos los gastos, “no queda un peso”. ¿Es demasiado? Al parecer, no tanto como para irse.

Hacerse la América

El 17 de julio de 2013 Cristóbal López terminó de cerrar una operación de al menos 65 millones de dólares para adquirir el 75 por ciento del Dania Entertainment Center, un complejo de entretenimientos en Dania Beach, en el estado de Florida. (El otro veinticinco por ciento quedó en manos de empresarios estadounidenses). El lugar era un centro de jai alai o pelota vasca, una de las atracciones de la región.

El alcalde de Dania Beach, Walter Duke, dijo a Per!l que el patagónico buscaba la remodelación del complejo y la compra de unas 250 tragamonedas. Para una segunda etapa se consideraba construir un hotel y varios restaurantes.

Federico de Achával hizo su presentación el día de la sesión pública. Dijo que representaba a un grupo empresario y que la renovación del Dania Jai Alai permitiría crear de seiscientos a setecientos puestos de trabajo. “Esta es la primera oportunidad de estar fuera de nuestro país”, dijo el empresario. “Estamos muy emocionados”.

Según registros públicos, De Achával figura como presidente de Ondiss Corp., que controla la mayoría de DEC y donde aparecen como directores Benedicto y Cruz, ambos del entorno de López, y Guillermo Ardissone, socio de Benedicto y De Achával.

El casino abrió sus puertas el 21 de febrero de 2014. La madrina fue, al igual que en Rosario, Susana Giménez, quien, según fuentes cercanas a la diva de los teléfonos, habría cobrado 350.000 dólares para asistir al evento y contar que le “encanta jugar. No perder una fortuna, pero me gustan las maquinitas, con prudencia”.

El móvil en vivo era de C5N, emisora que pertenece a López. Sonriente, Susana miró hacia la cámara y le dijo a Eduardo Feinmann que “estamos para inaugurar el casino y el Jai Alai, que es un juego vasco, que juegan con una canastita. Me gustan la maquinita y el black jack. Soy lúdica total”.

Minutos más tarde tomó una tijera gigante. A su lado estaba Cristóbal. “Salir de Argentina y poder estar en Estados Unidos   para nosotros es un logro importante”, dijo López al Nuevo Herald. Mientras hablaba, C5N mostraba, en vivo, cómo funcionaban las máquinas tragamonedas: “La gente está muy contenta”, dijo el movilero, sonriente, sentado en una butaca frente a un juego de póquer magnético.

Dame un casino

Cristóbal operaba bingos, pero ningún casino en la provincia de Buenos Aires.

Su suerte cambiaría el jueves 25 de enero de 2014, tras comprar el cincuenta por ciento del Trilenium. De acuerdo con un reporte del Diario de Fusiones & Adquisiciones, Casino Club pagó 13,5 millones de dólares (108,7 millones de pesos de aquella fecha) para quedarse con el paquete accionario de Sociedad Comercial del Plata (SCP), en concurso de acreedores.

La concesión mediante la cual la empresa explotaba el casino de Tigre estaba vencida desde diciembre. Su prórroga, ya negociada, venía de la mano del ingreso de Cristóbal. Con la compra, el patagónico esperaba comenzar a hacer valer la cláusula de exclusividad de 150 kilómetros que Boldt había negociado quince años antes. Esa cláusula vale oro: es el instrumento con el que López buscará acercarse a las zonas que desea, como Vicente López.

Atrás quedaron los enfrentamientos entre ambas empresas, como cuando la firma de Tabanelli impugnó la presentación de Tecno Acción, empresa de Cristóbal, en el proceso de licitación para la captura y el procesamiento de apuestas en la provincia. Negocios son negocios. Ahora ambos deberán convivir bajo el eslogan “Scioli 2015”.

El mandatario bonaerense se involucró personalmente en la operación de compra de Trilenium. Según publicó Clarín, el gobernador se reunió a comienzos de enero con López y Tabanelli, a quien convenció de que aceptara ser socio de su antiguo competidor. El encuentro tuvo lugar en el NH Gran Hotel Provincial de Mar del Plata y contó con un testigo de lujo: Jorge “Piedrita” Rodríguez, titular del IPLYC. El kirchnerismo podrá estar en retirada, pero López está recién entrando en calor.

El poder del juego
Los juegos de azar en la Argentina conforman un negocio fabuloso que usufructúan empresarios vinculados al poder y que logra sobrevivir a los cambios de gobierno. A partir de la incorporación de las máquinas tragamonedas, las apuestas on line y las ruletas electrónicas, no solo se multiplican las ganancias sino también los jugadores, y la proliferación de bingos y casinos urde una telaraña que atrapa a cada vez más argentinos.
Publicada por: Aguilar
Edición: Primera edición
ISBN: 9789870434153
Disponible en:Libro de bolsillo

 

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