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Pachter cuenta cómo se enteró de la muerte de Nisman

Damián Pachter, el periodista de la edición digital del diario Buenos Aires Herald que tuvo la primicia sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman, contó en un artículo publicado el pasado martes 20 de enero en el la edición de papel del diario, cómo recibió la noticia que conmocionó a la Argentina.


La nota, escrita en primera persona y firmada con su nombre y su usuario de Twitter, habla ya desde el título de la confianza en las fuentes que utilizan los periodistas para su trabajo cotidiano. Y, obviamente, no revela quién le transmitió la información sobre lo que estaba ocurriendo en el departamento de Puerto Madero donde Nisman había sido hallado la noche del sábado. Días después, desde el diario Miradas al Sur, afirmaron que se trató del médico que llegó al lugar en la ambulancia de Swiss Medical: “El primer médico que tomó intervención llegó en la ambulancia de Swiss Medical, la prepaga que tenía el hombre cuyo cuerpo estaba rígido: según las pericias, su vida había terminado entre 12 y 15 horas antes. El médico, impresionado, le pasó un mensaje de texto a Damián Patcher, del Buenos Aires Herald, a quien lo une una relación personal. Cerca de las 23, el periodista hizo correr la noticia con toda cautela”, aserguan en la nota La teoría conspirativa, firmada conjuntamente por E. Anguita, M. Russo, A. Elizalde Leal, W. Qoobar y R. Argemí.

Esta es la nota en la que Pachter cuanta cómo se enteró de la muerte de Nisman, traducida del original en inglés publicado el martes en el Herald:

Cuando una fuente confiable te da un dato inesperado

Hay momentos en los cuales los periodistas reciben información inútil de sus fuentes más confiables. A veces, las mejores notas nacen de fuentes poco seguras. Y en otras ocasiones, raras ocasiones, un escritor recibe material exclusivo que puede cambiarlo todo, y de alguna manera es el único con acceso a él durante horas. Esto fue lo que pasó la noche del domingo pasado cuando inesperadamente me encontré a mí mismo dentro de una tormenta en las redes sociales, cuando fui el primero en revelar que el fiscal Alberto Nisman había muerto.

Cuando supe de esta noticia, estaba trabajando en un artículo basado en la evidencia que tenía Nisman en contra de miembros del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y dos activistas sociales que apoyan su mandato.

“Nisman ha muerto”, me dijo mi fuente, un poco después de las 11 de la noche de ese domingo. Fue así cuando el torbellino de emociones comenzó, reforzado por minutos de espera, algunas dudas pero, sobre todo, por esa sensación que un periodista bien conoce: la irrefutable seguridad de tu fuente.

Después de varios minutos de idas y venidas, las interrogantes comenzaron a desaparecer y la palabra de la fuente se hacía cada vez más fuerte.

“Es 100% seguro”, insistía el informante.

Fue en ese momento cuando decidí enviar mi primer tuit, a las 11:35 pm, reportando que habían ocurrido una serie de incidente en la residencia de Nisman, en Puerto Madero.

Luego, más detalles comenzaron a aparecer.

Lo que vino después fue la confirmación de la muerte del fiscal. Aun así, había un problema: nadie más lo estaba reportando, ni los canales de TV, ni las estaciones de radio, ni los sitios web de noticias.

Y ese fue el momento de la pregunta final: publicar o no publicar lo que sabía. Detrás de esto venía otro dilema: ¿es una sola fuente suficiente? Pero esto no era un salto de fe. La información era sólida y precisa. Así que la decisión final era muy simple: había que hacerlo.

“Encontraron al fiscal Alberto Nisman en el baño de su casa de Puerto Madero sobre un charco de sangre. No respiraba. Los médicos están allí.”, escribí a las 12:08 am.

Cuando el primer tuit salió a la esfera digital había quienes tenían dudas, quienes lo criticaron, y finalmente, quienes se preguntaron “¿y si esto es cierto?”. Más tarde comenzaron las llamadas de teléfono y los mensajes directos de mis colegas pidiéndome confirmación.

Con el segundo tuit, la red social se llenó de una mezcla de sorpresa, incredulidad y temor.

El tercer tuit (“Sepan entender que estoy chequeando y rechequeando la información que me está llegando. Gracias.”) fue malinterpretado. Algunos pensaron que ponía en duda los otros dos tuits anteriores. Aunque la intención era lograr que la gente entendiera que estaba a la espera de nueva información que requería un poco más de cuidado y atención, porque involucraba la posible causa de la muerte.

Y finalmente, la hipótesis de un supuesto suicidio estaba lista para ver la luz. Eso ocurrió a las 12:58 am…y el resto, de repente, ya no era tan importante.

Para este momento, varios periodistas ya habían salido hacia el departamento de Nisman y podían confirmar la presencia policial en el lugar.

A partir de ese instante, no faltó mucho para que la noticia saliera al aire en los canales nacionales.

Durante el correr de los minutos, se recibió más confirmación de que Nisman había muerto. El Buenos Aires Herald finalmente publicó la historia en su página web un poco antes de las 4 de la mañana.

Quienes dudaron, luego se disculparon. Pero el escepticismo era natural cuando se recibe una noticia de semejante magnitud.

Principalmente, esta experiencia demuestra la importancia de conocer, y confiar, en tus fuentes.

Para un periodista, pocas cosas son más importantes.

 

Y estos son los tuits que menciona en el texto: