viernes 19 de octubre
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Le hacen funerales a los perros robots cuando se rompen

Los robots Aibo fueron los primeros perros robots creados para el entretenimiento en el hogar  y eran vendidos en Japón por la empresa Sony Corp entre 1996 y 2006. Estaban equipados con un sistema de inteligencia artificial  y eran capaces de desarrollar su propia personalidad, haciéndolos aún más entrañables para sus dueños. Por lo tanto, cuando se rompen, sus dueños los entierran con un servicio de funeral, como si fuesen una mascota real.


Para entender esta extraña práctica de enterrar un robot, hay que entender cuán populares son los Aibos en el país asiático. Cuando Sony sacó a la venta la primer generación en 1999, la primer tanda de 3000 unidades se vendió en 20 minutos a un precio de $2000 dólares. En los años siguientes, se vendieron alrededor de 150.000 ejemplares de diferentes modelos.

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Pero Sony comenzó con problemas en 2006, entonces la lujosa mascota fue discontinuada. La compañía mantuvo el servicio de reparación del producto hasta marzo del año pasado, pero decidieron achicar costos cerrando ese área y los propietarios tuvieron que buscar ayuda en otra parte con las piezas de repuesto. Desafortunadamente, son difíciles de arreglar, por lo tanto una vez que se rompían, la mayoría dejaba a sus dueños para siempre. Por lo tanto, la única forma para muchos de ellos de afrontar la perdida es organizando un verdadero funeral.

Los velorios que se organizan son muy similares en todas las partes de Japón. Los perros son alineados en una fila en un altar y cada uno usa un cartel que indica de dónde son y a qué familia pertenecían. Hideko Mori, de 70 años, tuvo un Aibo como mascota por ocho años y siempre lo trató como uno verdadero: “No precisa que lo alimentes y no hace pis. No sabía que su vida tenía un límite”, cuenta. Sin embargo, en mayo del año pasado su robot dejó de moverse, pero intentó arreglarlo y envió un e-mail a Sony y les puso que no podía morir de esa manera sólo por no poder caminar.

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Afortunadamente, el ingeniero que lo leyó le facilitó que un grupo de empleados de la empresa, que ahora trabajaban en otra industria, lo arreglen.

Por otra parte, los únicos repuestos genuinos del robot son de aquellos que hayan “muerto”, pero acceder a esas partes suele ser muy difícil, entonces la reparación puede tardar desde semanas hasta meses. En algunos casos, incluso no es posible y los dueños deben aceptar que la mascota a la que amaban ha fallecido.

Sumie Mekawa, de 72 años, dijo que desde que ella y su marido ya no tenían chicos en su casa, llamaron al perro “Ai-chan” y lo trataban como una hija. La señora habla de él todos los días, viaja con él y hasta le hace ropa.  Por último, expresa: “No puedo imaginarme lo tranquilo que estará el living cuando Ai-chan no esté aquí. Será muy triste el día que ya no sea capaz de pararse”.

 

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