miércoles 19 de diciembre
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Una mujer se alimenta sólo con maíz frito hace 10 años

Debbie Taylor tiene 35 años y ama cocinar grandes comidas para su novio y su hijo adolescente. Sin embargo, cuando llega la hora de la cena, ella toma su paquete de maíz frito con sabor a carne de vaca. De hecho, es lo único que viene comiendo durante la última década.


La mujer trabaja de camarera en un hotel en Harlow, una ciudad situada en el condado de Essex, en Inglaterra. Debbie se ha vuelto tan paranoica con la comida que lleva un paquete de estos snacks cuando va a comer a restaurantes y se alimenta con ellos mientras que su pareja, llamada Gerald, disfruta de un plato tradicional. Curiosamente, no sale de su casa sin una bolsa. Por ejemplo, cuando él la invito de vacaciones a España junto a su hijo Luke, empacó una valija aparte repleta de estas unidades.

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“No soy una fan de la comida cocinada”, escribió en un artículo sobre estilos de vida en la revista The Guardian algunos años atrás, y argumentó que es mucho más feliz alimentándose con maíz frito. “Cuando abro una bolsa, primero controlo que estén suficientemente recubiertas de carne. Si no es así, los voy a tirar a la basura”.

Debbie ha estado comiendo dos bolsas de tamaño familiar todos los días por dos años, y una cantidad superior durante los últimos diez. En su desayuno toma un te, se saltea el almuerzo y alrededor de las 4 de la tarde come la primera, mientras que la segunda la ingiere a las 20hs. Además, confiesa que la idea de ingerir otra cosa le genera rechazo.

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A pesar de que su familia la persuade a que coma sano y con una dieta balanceada, insiste en que no puede. Si bien sabe que su hábito es perjudicial para su salud y le gustaría comer normalmente en el futuro, admite que no tiene idea de cómo cambiar. Afortunadamente, Luke no adquirió esa práctica y es amplio con las comidas.

No obstante, la mujer reconoce que  este comportamiento es un desorden alimenticio y que probablemente se relacione con la bulimia y la anorexia que padeció en su adolescencia.

Por último, Debbie aclara que por el momento esto le funciona y que seguirá así hasta que decida que es tiempo de un cambio. Esta situación no la averguenza, sino que sólo se pregunta por qué el resto de las personas se asombra tanto al enterarse de su dieta de comida chatarra.

 

 

 

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