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Por qué las armas nucleares aún representan una amenaza real

Las armas nucleares son algo tan aterrador y peligroso (miles de armas diseñadas expresamente para ser lo suficientemente potentes como para destruir el mundo varias veces, perpetuamente desplegadas, y capaces de ser disparadas con sólo pulsar unos pocos botones) que a veces impresiona de lo poco que hablamos de ellas.


Hay varias razones para ello. Una de ellas es que son tan grandes y aterradoras que puede ser difícil para la gente hacerse una idea. Otra es que hay una impresión (no es del todo cierta, ya lo explicaremos) de que con las armas nucleares nunca cambia nada, y que simplemente estamos en un status quo pacífico. Pero otra es que la magnitud de la amenaza planteada por las armas nucleares todavía podría no ser obvia para todo el mundo.

Así que vale la pena reflexionar sobre ello con este dibujo animado de tres minutos de la popular serie Minute Physics. Es una buena visión general, y un poco aterradora:

Como Max Tegmark del MIT explica en el video, el riesgo real de armas nucleares es que puedan utilizarse por algún tipo de  error.

Pero (y esto es importante), cuando los expertos como Tegmark hablan de la utilización errónea de las armas nucleares, no están hablando de una detonación al azar o de otra forma accidental (aunque eso casi haya sucedido un par de veces). Más bien están hablando de las tensiones geopolíticas entre potencias con armas nucleares que, por alguna confusión o involuntaria escalada, podrían convertirse en un intercambio nuclear antes de que nadie se dé cuenta de que todo fue un gran malentendido.

Hay dos formas generales en que esto podría ocurrir.

La primera son los tipos de incidentes que Tegmark revisa en el video: Un lado percibe mal al otro en cuanto al lanzamiento de un arma nuclear. Debido a que las armas nucleares toman sólo minutos para lanzarse, el lado que cree estar bajo ataque tiene sólo minutos para responder, y no hay suficiente tiempo para investigar lo que está ocurriendo antes de tomar represalias.

Como explica Tegmark, esto ha sucedido un par de veces. Felizmente, cuando las lecturas defectuosas condujeron a un lado a creer que estaba bajo ataque nuclear, la gente de ese lado simplemente optó por no seguir las reglas que le obligaban a tomar represalias. El incidente de 1983 que cita Tegmark, fue probablemente lo más cerca que llegamos alguna vez a la aniquilación nuclear total, y fue evitado porque el teniente coronel soviético de turno se negó a seguir el protocolo que le obligaba a tomar represalias.

La segunda forma en que esto podría ocurrir es que un conflicto real podría estallar entre dos potencias nucleares. A medida que se intensifica este conflicto, cada lado vigilaría al otro en forma obsesiva, en busca de cualquier señal de un ataque nuclear. Y en algunos países, como Rusia, tienen normas que permiten a sus militares el uso de armas nucleares en determinadas circunstancias, incluso si la otra parte no tiene.

Una vez más, debido a que la lógica de las armas nucleares requiere una represalia extremadamente rápida para cualquier lanzamiento, existen decenas de oportunidades para que las dos partes puedan malinterpretar cualquier acción o escalada como el inicio de un ataque, y lanzar lo que creen es una represalia (con la intención prevenir más ataques), pero en realidad estaría siendo un primer ataque.

Entonces, ¿por qué todavía las tenemos si nos ponen en un estado de peligro constante, y con el riesgo de la aniquilación global? Tegmark lo hace sonar como si la respuesta fuera el dinero de los contratistas de defensa, pero no parece ser tan simple.

El desafío es el siguiente: Tanto los líderes estadounidenses como los soviéticos /rusos han expresado el deseo de reducir sus propias reservas, pero sólo están dispuestos a hacerlo si la otra parte se maneja en forma recíproca. Quieren mantener el equilibrio estratégico entre los arsenales nucleares de ambos países, y también saben que si se desarman unilateralmente, perderán la ventaja para exigirle el desarme al otro lado.

Así que el desarme en forma conjunta, implica acuerdos negociados con esmero, que también incluyen inspecciones y regímenes de control para asegurarse de que el otro lado está sosteniendo su palabra. Esto es extremadamente difícil y requiere mucho tiempo, incluso en períodos de relativa “amistad” entre Moscú y Washington. Sin embargo, en períodos de tensión, la desconfianza es demasiado alta, y las políticas nacionales dentro de los dos países hacen este tipo de acuerdos demasiado costosos políticamente.

El resultado de todo esto es que estamos, más o menos permanentemente, en un status quo de Guerra Fría, mientras que EE.UU. y Rusia tienen suficientes armas nucleares para destruir el mundo varias veces, tienen planes de guerra nuclear que requerirá hacer exactamente eso, y han desplegado esas ojivas de una manera que está destinada a disuadir al otro lado, pero que también aumenta sustancialmente el riesgo de un conflicto no deseado, reduciendo el tiempo de respuesta a cuestión de minutos.

Ese es el status quo, y es bastante malo. Pero se pone peor, debido a que el status quo no es para nada estático. La tecnología militar está cambiando constantemente, y ambas partes están haciendo mejoras constantes que requieren que el otro lado se actualice a su vez. Pero el problema es que estos cambios también afectan la tecnología de armas nucleares, lo que significa el delicado equilibrio nuclear está siendo desestabilizado constantemente.

Todo esto habla de lo que tal vez se podría llamar el mito más grande acerca de las armas nucleares, y es que estamos en una etapa pacífica, con paridad entre los EE.UU. y las fuerzas rusas que proporcionan estabilidad. De hecho, ambas partes están haciendo cosas constantemente para gestionar que la paridad, que también implica perturbarla, a veces en formas que pueden ser desestabilizadoras y pueden aumentar el riesgo de un accidente, incomprensión, o una involuntaria escalada. Ese riesgo es extremadamente bajo y los aumentos son marginales, pero teniendo en cuenta las posibles consecuencias (el fin del mundo literal) sigue siendo algo bastante aterrador.

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