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Adelanto de «Macristocracia», de Fernando Cibeira


En su carrera para llegar al gobierno, el macrismo se presentó como una fuerza nueva ante los partidos tradicionales que dominaron por décadas el escenario político, una fuerza que venía a poner la gestión por encima de las ideologías. Cambiemos promueve el “emprendedurismo” y el mérito como forma de progresar en la sociedad, el esfuerzo individual ante todo.

En la exhaustiva investigación de Fernando Cibeira queda en evidencia que las vidas de los principales representantes de Cambiemos no son un ejemplo de mérito personal sino que, en su gran mayoría, se trata de beneficiarios de fortunas heredadas, empezando por el propio Presidente. Esa posición privilegiada les permitió formarse en colegios y universidades privadas de élite y perfeccionarse en los más selectos centros de estudio, educación que les proporcionó una forma de pensar acerca del rol del Estado, del funcionamiento de la economía, de la utilidad de los distintos estamentos sociales, de los alineamientos en las relaciones internacionales, de la protección de los derechos de los trabajadores,  aunque aseguren no tener ideología.

Macristocracia repasa la historia de las familias que componen el macrismo entre las que, lejos de la novedad o pretendida bocanada de aire fresco, es posible ver linajes beneficiarios de las campañas contras los indios como los Braun, los Bullrich y los Luro; funcionarios y adherentes de gobiernos dictatoriales y conservadores como los Pinedo, los Rodríguez Larreta y los Massot; participantes del neoliberalismo que recortó conquistas sociales en los años noventa, como los Frigerio y los Triaca; o los amigos de colegio del Presidente, repentinos coroneles de la jerarquía del poder.

A continuación un fragmento, a modo de adelanto:

 

Capítulo 10
Friends to be friends – La hermandad del Newman

«La verdad, me está costando más hablar acá que en la ONU», dijo, mitad en broma mitad en serio, el presidente Mauricio Macri en la cena anual de egresados del Colegio Cardenal Newman 2016. En pleno octubre, en medio del trajín que le demandaba el cargo, el Presidente dejó libre un domingo a la noche para asistir al evento anual del colegio del que egresó en 1976 y que, indudablemente, considera clave en su formación. De otra manera no se entiende la proliferación de egresados de un mismo instituto en su gestión. «José Torello, está Jorgito Triaca, está Alfonso (Prat-Gay) que creo que hoy no venía y está (Luis) «Toto» Caputo, que no sé si vino. Y después hay de muchas camadas como Emilio (Basavilbaso, titular del Anses) y el más peligroso de todos, el que hay que tener cuidado porque ahora que desarrollamos el expediente electrónico es el que firma todos los decretos y ni siquiera me consulta, es el secretario Legal y Técnico, Pablo Clusellas», enumeró el propio Macri en el encuentro. Hay incluso varios más.

«El colegio es el epicentro de la consolidación de redes de pertenencia a un grupo selecto», explicó la antropóloga Victoria Gessaghi, autora del libro La educación de la clase alta argentina. Recordó que se habían dado casos de varios funcionarios ex compañeros en un mismo gobierno pero provenientes de colegios públicos de elite como el Nacional Buenos Aires. En este caso, lo novedoso es que se trate de un colegio privado que no se caracteriza por cultivar tradiciones de este tipo. En las aulas del Newman están vedados los temas de actualidad y los alumnos no tienen actividad política ni centro de estudiantes, como en el Nacional. «Las actividades grupales tienen que ver con otro tipo de prácticas como son los eventos solidarios o religiosos», acotó Gessaghi. También está lo deportivo, que parece haber sido fundamental para el grupo de Macri.

Quien escribió primero y mejor sobre este tema fue Juan Forn en una contratapa de Página/12 que tituló «La balada de Mauri y los Newman Boys». Y lo hizo no sólo porque es uno de los mejores escritores argentinos sino porque fue compañero de Macri en el Newman y jugaron juntos al fútbol. En esa contratapa de agosto de 2010, Forn describió a los estudiantes y egresados del Newman como «una entidad famosamente endogámica, incluso dentro de su clase». Explicó que «creen que es imposible ser como ellos viniendo “de afuera del colegio”».

Macri cumplió el sueño de los brothers de que un ex alumno llegara a la presidencia de la Nación. El trabajo en equipo, el compañerismo y la lealtad, comentó que eran los valores que ellos le habían transmitido. Aunque sus métodos, a juzgar por los dichos del Presidente, no fueran dignos de imitar: «la regla, la piña, la patada». Ese rigor de la vieja ortodoxia católica, contó alguna vez, fue el que ayudó a forjar los lazos con sus compañeros. Con algunos mantuvo la amistad durante toda su vida, hicieron negocios juntos y hoy lo acompañan en la gestión, ya sea como funcionarios o como consejeros. Pablo Clusellas, José Torello y Nicolás Caputo son los principales, sus inseparables.

 

Pablo Clusellas

«No te pongas tan cerca. Toda la vida te digo que no te pongas cerca y te me ponés tan cerca», bromeó el presidente Mauricio Macri antes de tomarle juramento como su secretario de Legal y Técnica de la Nación a Pablo Clusellas, su amigo desde los 6 años, de cuando jugaban juntos al fútbol en el colegio. De bajo perfil y con cara de bonachón, se nota que Macri lo tiene entre sus preferidos. A Clusellas se lo notaba intimidado ante el brillo de la ceremonia en el Museo del Bicentenario y, de manera instintiva, buscó acercarse a su amigo para quitarse protagonismo. La broma de Macri lo dejó al descubierto, con la sonrisa complaciente del resto del Gabinete que lo acompañaba sobre el escenario. Sin embargo, la cercanía de Macri y Clusellas es clave para entender su íntima relación. Allí donde está Macri, allí va Clusellas como su estratega legal. Para dato ilustrativo vale recordar que ambos son los más encumbrados integrantes del gobierno que aparecen mencionados en los Panama Papers.

 

Estudio Clusellas

Clusellas viene de una familia de abogados de larga data. Su abuelo fue Rodolfo J. Clusellas, quien describió la historia de su familia y su niñez en un libro, La ciudad de Rosario, que dedicó a su nieto «Pablo Clusellas, que tanto me recuerda mis años infantiles». Allí cuenta que el abuelo del abuelo, Juan Clusellas, formó parte de la Asamblea Constituyente de Santa Fe que se reunió en 1853. El hijo de éste, José Ramón Clusellas, se dedicó al comercio en Concordia, Entre Ríos, donde conoció a su mujer, una descendiente de alemanes Amalia Lix Klett. Con ella decidió trasladarse desde Concordia a Rosario «con laudable afán de progreso». Con similar afán, la familia recaló años después en Buenos Aires, para abrir una sucursal de su tienda.

El abuelo Rodolfo recuerda en el libro que «me anotaron en el Colegio Británico, de antigua fama, donde extrañaba todo». Recibido, ingresará en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde luego será docente y, a partir de 1940, tomará a su cargo la cátedra de Derecho Marítimo. Escaló posiciones: fue director de la Caja de Jubilaciones de Empleados de Empresas Particulares y llegó a presidente de la Compañía Telefónica de Argentina. Cristalizó su ascenso social convirtiéndose en miembro del Jockey Club y del Golf Club Argentino y desde su estudio de la calle Cangallo al 300 —Mayer, Lobos y Clusellas, conocido en el rubro por defender los intereses de varias multinacionales— solía mandar artículos de opinión para los diarios La Nación y La Razón. Como la gran mayoría de las familias repasadas en este libro, militará activamente en las filas del antiperonismo. Primero se encontrará entre los hombres ilustres que apoyarán la candidatura presidencial del terrateniente y caudillo salteño Robustiano Patrón Costas —ya varias veces mencionado, abuelo de la esposa de Federico Pinedo—, el efímero intento del entonces presidente Ramón Castillo para forzar la continuidad del régimen conservador. Clusellas también será uno de los integrantes de la llamada Junta de Exhortación Democrática que reclamaban la unidad de los partidos, el embrión de lo que se transformará en la Unión Democrática, con el auspicio del embajador de Estados Unidos Spruille Braden. Luego del triunfo de Juan Domingo Perón figurará entre los renunciantes y cesanteados en la Facultad de Derecho de la UBA, una de las más combativas en contra del nuevo gobierno.

Rodolfo J. Clusellas se casó con María Elisa Lobos, hija de Eleodoro Lobos, otro profesor de Derecho que, además, ejerció como ministro de Hacienda durante la presidencia de José Figueroa Alcorta y de Agricultura en la de Roque Sáenz Peña. Tuvieron tres hijos varones. El del medio fue Jaime «Jimmy» Ramón Clusellas quien se casaría con Susana Zorraquín Nougués. Ya hablamos de los Zorraquín porque es el apellido de la abuela del ministro Esteban Bullrich. Se trata de una familia rica de Entre Ríos, prácticamente hicieron la localidad de Concordia —el lugar donde se conocieron sus abuelos— cuando era un puerto de activo comercio con Uruguay y Brasil. También fundaron la firma Garovaglio y Zorraquín, dedicada a los negocios agropecuarios pero luego diversificada al comercio y la industria, según las épocas.

 

Soccer players

Tuvieron seis hijos, el cuarto es el secretario Legal y Técnico, Pablo Clusellas Zorraquín. Con Macri se conocen desde la primaria en el Cardenal Newman pero recién se hicieron íntimos en la secundaria. Ahí los juntaron en la misma división. Ambos preferían el fútbol al rugby, el deporte que distingue el colegio de los Christian Brothers. Por eso, en vez de compartir el tradicional viaje de egresados al Reino Unido para confraternizar jugando con la ovalada contra egresados de aquellos lares, armaron un viaje paralelo para ir a jugar al fútbol contra college de Estados Unidos. Pensaron que ganaban fácil y resultó que la pasaron mal. Al otro año volvieron a Estados Unidos más preparados y Clusellas llevó como refuerzo a un compañero de primer año de la Facultad de Derecho, el hoy titular de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), Gustavo Arribas. El equipo después haría frecuentemente de local contra rivales ocasionales en la quinta Los Abrojos que la familia Macri tiene en Malvinas Argentinas.

Siguiendo el mandato familiar, Clusellas se recibió de abogado en la UBA, pero realizó un master en derecho Comparado en la Universidad Metodista del Sur (SMU), que la Iglesia Metodista tiene en Texas, Estados Unidos. Nunca perdió contacto con Macri, que por entonces estudiaba ingeniería en la UCA. Poco después de recibirse, Clusellas ingresó al cuerpo de abogados del Grupo Macri y con el tiempo se tranformará en directivo de Socma y de Sideco, además de síndico de varias empresas del grupo. En paralelo, llevó causas en estudios privados hasta que en 1992 abrió su propio buffet con otros socios —Romero Zapiola, Clusellas y Sluga— ocupándose de las áreas de derecho comercial, laboral y contratos, punto sobre el que volveremos.

Al igual que sus amigos José Torello y Nicolás Caputo, formó parte del armado de la Fundación Creer y Crecer, el primer paso que dio Macri para saltar desde la presidencia de Boca Juniors a la política. En 2007, cuando ganó la Jefatura de Gobierno porteña, Macri confirmó a Clusellas como su abogado de mayor confianza al nombrarlo secretario de Legal y Técnica, cargo que conservará durante sus ocho años de gestión en la Ciudad y mantendrá en el traspaso a la Nación. El funcionario a cargo de esta Secretaría —la misma que durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner ocupó Carlos Zannini— es quien se encarga de asesorar y redactar las resoluciones, decretos y proyectos de ley del Poder Ejecutivo. También quien edita el Boletín Oficial. Pero pese a esta encomiable función —prácticamente ser el vigía jurídico del Estado—, el historial de Clusellas no se ve inmaculado.

 

El gallo embarrado

Al momento de ser nombrado funcionario porteño, Clusellas integraba el directorio de una docena de empresas. Una de ellas, por ejemplo, la ya nombrada Garovaglio y Zorraquín, de la familia de su madre. Otra era Sinosocma, una consultora de inversiones del Grupo Macri. También formaba parte de la sociedad de la marca deportiva Le Coq Sportif, denunciada ese mismo 2007 por la ONG La Alameda por basar su producción en talleres clandestinos. Unos meses antes, esta organización que dirige el legislador Gustavo Vera había realizado una denuncia similar contra la marca Awada, de la familia de la primera dama Juliana Awada. «La franquicia es un intermediario más en la cadena de comercialización de la marca», explicó Vera en aquel momento sobre la responsabilidad de los dueños de Le Coq.

La designación de Clusellas como director titular de Le Coq Sportif International Southamerica SA figuraba en la edición del Boletín Oficial del 26 de agosto de 2009. La marca tercerizaba su producción a la empresa textil Delos SA que a su vez remitía el trabajo a otros talleres. Uno de ellos estaba ubicado en Zelarrayán 1855. Trabajaban 16 costureros, 11 de los cuales eran inmigrantes sin documentación que trabajaban más de 12 horas diarias en condiciones insalubres. La responsabilidad de Clusellas era más social que penal, dada su despreocupación por la forma en que se elaboraban las prendas. «Su caso y el de la mujer de Macri, Juliana Awada, permiten explicar por qué, desde que asumió el macrismo, el gobierno de la Ciudad no denunció una sola marca más», sostuvo el entonces subsecretario de Trabajo del Ministerio de la Producción, Ariel Lieutier, encargado de hacer en 2011 el informe técnico sobre las condiciones de trabajo del lugar.

 

De acá a Panamá

La explicación que da Clusellas para figurar en el directorio de algunas de estas empresas es que su estudio de abogados se dedicaba al armado de las firmas que después le pedían que integrara o que prestara el domicilio de la oficina para completar su inscripción. Más o menos lo mismo dijo cuando su nombre apareció en la filtración de los Panama Papers. Hay 15 entradas de Clusellas en el buscador provisto por la ICIJ, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que obtuvo los documentos. La mayoría de las entradas son listas en donde figuran los contactos del estudio panameño Mossack Fonseca entre los que aparece el buffet argentino Romero Zapiola, Clusellas y Monpelat (este último reemplazado ahora por Sluga), del que, de acuerdo a su última declaración jurada, el funcionario conserva un 1% de las acciones por un valor de 100.575 pesos.

Uno de esos documentos filtrados es una especie de ficha que realizaba el estudio de Panamá de cada uno de sus contactos. La primera anotación es de mayo de 1999, cuando los abogados panameños lo van a ver al estudio jurídico en Avenida Corrientes 345, 3° piso. «Ambiente profesional, decoración excelente, oficina muy grande. Contacto: Pablo Clusellas. Cordial, 35-45 años, apariencia muy buena», escribirán. Clusellas puede estar satisfecho de esa primera impresión que causó en los especialistas en armar sociedades offshore. «Visitamos oficinas donde trabajan 20 personas, abogados con especialización empresarial. Brindan servicios para todas las áreas. Se le presentaron nuevos servicios e info que no conocía sobre fundaciones, pero hablaba con mucho conocimiento», fue otra de las anotaciones de los enviados. Otra entrada es de 2002, luego de la debacle de 2001 cuando muchos inversores buscaban qué hacer con el dinero que habían conseguido birlar del corralito. «Se envió información general de Hong Kong y Nevada con un calendario del mundial de fútbol», avisan en referencia al mundial de Corea y Japón que se disputó ese año.

Clusellas estaba catalogado como «intermediario activo» por el estudio Mossack Fonseca, rol que mantuvo hasta mediados de 2008. Según respondieron al momento de la revelación desde su oficina, Clusellas abandonó la actividad privada cuando se convirtió en funcionario porteño, en 2007. Por lo tanto, actuó como intermediario al menos durante diez años, entre 1997 y 2007. En la Casa Rosada aseguraban, sin ningún documento que lo respaldara, que su rol no había sido el de facilitar la salida de capitales para el armado de sociedades offshore en paraísos fiscales —como hicieron durante esos años, por ejemplo, los Macri— sino que hacía de enlace para la llegada de fondos desde el exterior a la Argentina. La referencia de los panameños a Hong Kong y Nevada parecería indicar todo lo contrario.

Macristocracia
La historia de las familias que gobiernan la Argentina.
Publicada por: Planeta
Fecha de publicación: 05/01/2017
Edición: 1a
ISBN: 978-950-49-5708-9
Disponible en:Libro de bolsillo